Fumadora empedernida de tabaco rubio - 'fumo desde que me divorcié', afirma-, Natalia Morskova, que mide 1,84 metros y pesa 82 kilos, ha llegado a Francia con 35 años y su rodilla izquierda machacada después de sufrir cuatro operaciones, la última el pasado mes de mayo. Pero ha llegado. La cita era ineludible para ella, ansiosa por disputar su primer campeonato del mundo con España, que gracias a la corpulenta balonmanista hispano-rusa, considerada la mejor del mundo durante años, se clasificó por primera vez para una competición de este calibre.
Pocas personas conocen tan bien a Morskova como Cristina Mayo, seleccionadora española y entrenadora de El Osito L'Eliana de Valencia. Ambas se conocieron hace 10 años, cuando Morskova fichó por el club valenciano. Y congeniaron pronto. Mayo, de 49 años, es un mujer muy exigente y perseverante. 'No me canso de ganar', dice la seleccionadora española, quien con El Osito ha ganado 22 de los últimos 23 títulos de liga, además de una Copa de Europa, en 1997.
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Tan exigente y obsesiva con el balonmano como Cristina Mayo es Morskova. 'Natalia es la Jordan del balonmano', ha dicho Mayo de ella. Nacionalizada española en 1998, Morskova es una mujer orgullosa de su trayectoria, tan extensa como brillante: ganó con Rusia dos campeonatos del mundo absolutos, en Holanda (1986) y Seúl (1990). 'No olvides poner que fui la máxima goleadora en el Mundial de Holanda', le recuerda al periodista.
'Mi madre frunció el ceño cuando le dije que había fichado por un club español. Siempre quería tenerme a su lado', afirma Natalia, cuya entereza le ha servido para superar situaciones embarazosas, como la muerte de su hermana Irina, fallecida hace dos años en un trágico accidente. O su divorcio, menos grave pero también traumático para ella, según cuenta la jugadora.
Porque el balonmano femenino español ha dado un salto cualitativo desde que Morskova aterrizó en Valencia, en 1991, y posteriormente se nacionalizó española. 'Ella venía de un balonmano, el ruso, de gran disciplina táctica, pero muy mecanizado. En Valencia le dimos la oportunidad de explotar su gran inteligencia táctica: ha creado y ha dado muchísimo. Es muy generosa', cuenta Mayo, quien añade sobre la balonmanista: 'Es una mujer especial'.
'Sí', reconoce Morskova, 'soy especial. También una maniática del orden y la limpieza. En cuanto llego a casa, después de entrenar, cojo el fairy. Ya puedo estar hecha polvo que hasta que no está todo limpio no descanso'. El fairy, su novio Eduardo y su hija Natalia esperan a Morskova en Valencia después de que Francia eliminara ayer a España del Mundial.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2001