Una noche de mediados de octubre, 11 miembros del grupo V de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense fue depositado en un valle en el interior del territorio talibán en Afganistán central. Aquella zona austera y salvaje en la tierra, comentaron entre sí los soldados, parecía "el lado oscuro de la luna". De la oscuridad surgió Hamid Karzai, que hoy está a punto de convertirse en líder interino de Afganistán, pero entonces era simplemente el cabecilla de una pequeña milicia que Estados Unidos esperaba que pudiera incitar a las tribus pastunes del sur de Afganistán a luchar contra las autoridades talibanes.
La misión terminó en seco cuando una bomba mató a tres soldados de EE UU y cinco afganos
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Durante las seis semanas siguientes, la pequeña y aislada unidad estadounidense lucharía junto a la milicia cada vez más numerosa de Karzai, solicitando ataques aéreos y disparando sus armas para repeler la fiera contraofensiva talibán. Negociaría con los jefes de las tribus y avanzaría con sus aliados afganos hasta unos 36 kilómetros de Kandahar, el último reducto importante de los talibanes.
"Mi objetivo era tomar Kandahar, que se entregaran a nosotros", contó el capitán Jason Amerine, el comandante de la unidad. "La toma de Kandahar, tal como yo lo veía, sería probablemente el final de la guerra".
Kandahar cayó la semana pasada, pero Amerine no estaba allí para verlo. La misión de su unidad terminó en seco el pasado miércoles, cuando una bomba perdida de EE UU mató a tres estadounidenses y a cinco de sus aliados afganos, e hirió a unos cuarenta estadounidenses y afganos, Amerine entre ellos.
El alto y delgado graduado por West Point está ahora recuperándose de las heridas de metralla en un hospital militar estadounidense en Alemania. Con otro miembro de su equipo también herido, el sargento Brad Fowers, de 24 años, explicó el relato más completo hasta la fecha de lo que han hecho las Fuerzas Especiales sobre el terreno desde que empezó la campaña de bombardeos aéreos el día 7 de octubre. Se negó a revelar datos operativos importantes. Amerine, que volverá a casa dentro de unos días, dijo que quería que los hombres que perdieron la vida recibieran honores, además de luto. "No quiero que se los recuerde por cómo murieron, sino por lo que habían hecho antes", dijo.
El 11 de septiembre, una persona de la Embajada de Estados Unidos en un país de Asia Central informó al equipo de Amerine, que se encontraba en el mismo país, sobre los acontecimientos en Estados Unidos, y los militares vieron en la BBC cómo se desarrollaban los acontecimientos en las Torres Gemelas y el Pentágono.
"Nuestra misión era trabajar con Hamid Karzai, que en aquel momento era una especie de comodín", dijo Amerine. "Era nuestra principal esperanza de tener un buen líder pastún que pudiera reunir a la gente y dar legitimidad a un cambio de gobierno".
El equipo fue enviado a un país fronterizo con Afganistán. Sus miembros estudiaron los informes de los servicios secretos, planearon la logística y elaboraron un perfil de sus posibles aliados.En la jerga militar, su campo de combate detrás de las líneas enemigas se denomina "área denegada", un lugar en el que los soldados están solos, pero pueden solicitar ayuda por medio del equipo de comunicaciones. "Aunque vayamos desnudos y con chanclas, siempre que tengamos buenas radios podemos hacer el trabajo", dijo Amerine.
A mediados de octubre, los estadounidenses partieron hacia Afganistán. Aterrizaron y Karzai les dio la bienvenida en un inglés fluido. Los estadounidenses cargaron con rapidez su equipo en las recuas de mulas que habían traído sus aliados. Los afganos estaban claramente divertidos al ver a los jóvenes estadounidenses cargados con sus armas y el equipo de comunicaciones; los hombres de Karzai, si tenían armas, llevaban sólo un rifle de asalto y unas cuantas ristras de munición.
Avanzaron durante varias horas en plena noche con las mulas. Los estadounidenses estaban desconcertados al principio por los afganos, que agitaban linternas despreocupadamente mientras avanzaban por el difícil terreno. Al hacerse de día entraron en una aldea de casas de barro en la que vivían 60 u 80 familias. "Tengo que admitir que casi me dio vértigo porque aquello era... como una película", dijo Amerine.
Las siguientes tres semanas se dedicaron a la planificación. "Teníamos que partir de cero para conseguir un ejército que fuera capaz de luchar contra los talibanes", dijo Amerine. "Empezamos a ayudarles a organizar, a que se equiparan..., a conseguirles armas, a conseguirles munición". Las tropas organizaron también lanzamientos de comida y mantas para los habitantes de la localidad.
Amerine y Karzai empezaron también a evaluarse el uno al otro. "Yo tenía que cerciorarme de que él no era meramente otro político más, y él tenía que saber cuál era mi agenda oculta", dijo Amerine. "Puse mucho cuidado en no forzar las cosas al principio".
Al principio, Karzai tenía una fuerza muy modesta, pero la aldea pronto se vio inundada de voluntarios que iban llegando de día y de noche. Las tropas estadounidenses les dieron algún entrenamiento básico, pero los afganos estaban divididos en tribus y no se podían organizar en nada que se pareciese a un batallón o una compañía.
Según Amerine, el plan de Karzai era tomar Tarin Kot, capital de la provincia de Uruzgan, que está a 112 kilómetros al norte de Kandahar, en un valle con cuatro entradas principales. "Al principio me dijo que Tarin Kot era el corazón de los talibanes y que, si podíamos aplastar y triturar el corazón de los talibanes, éstos estarían acabados", dijo Amerine. "Yo pensé que pasaría mucho tiempo antes de que estuviésemos preparados para tomar Tarin Kot... Él estaba convencido de que no tenía más que entrar en la ciudad y que ésta sería suya".
Y al final fue eso lo que sucedió. Los habitantes de la localidad, movidos por la intensa diplomacia de Karzai por medio del teléfono vía satélite, hicieron una revuelta poco antes de que empezase la observancia musulmana del Ramadán el 17 de noviembre. Karzai anunció que era el momento de avanzar. "Lo cargamos todo en aquel convoy de locos y fuimos derechos a Tarin Kot", dijo Amerine. "Había toda clase de vehículos, y de soldados armados hasta los dientes".
© The Washington Post / EL PAÍS
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2001