Durante años he visto a mis padres trabajar esforzadamente para mantener una familia; forman parte de esa masa silenciosa de asalariados que pagan religiosamente sus impuestos -directos e indirectos-, tasas, etcétera, sin posibilidades de escapatoria. También he visto cómo siempre me han dicho que esto era bueno, contribuir a hacer de esta sociedad algo más justo redistribuyendo la riqueza, porque 'Hacienda somos todos'. Creí que éste era el ejemplo a seguir, el de miles de personas honradas. Pero me equivocaba; porque el Gobierno del señor Aznar considera que los valores a ensalzar son los de Arantxa Sánchez Vicario, a la que se le acaba de conceder la máxima condecoración al mérito civil. Sí, esa misma que se jacta en una misma frase de tener su domicilio fiscal en otro 'país' y defender la 'patria' jugando con nuestros colores. Dado que yo quiero ser un ciudadano ejemplar, y también quiero una medalla, estoy buscando vías para defraudar a mi sociedad lo más posible, a ver si así alguien se fija en mí, me invita a jugar al padel con él y me da una medalla. Ése es el ejemplo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2001