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OPINIÓN DEL LECTOR

Gazpacho amargo

Siempre he defendido la cultura andaluza, nuestra forma de ser, nuestras penas y alegrías, en fin, todo lo que esta tierra ha parido dentro del seno de un pueblo sencillo.

Sencillamente por eso evito, entre otras cosas, comerme una hamburguesa de McDonald, no sólo porque representa un modelo de capitalismo que no comparto, sino también porque, como decía el libro Cabeza de turco, están hechas de carnes podridas y de restos no servibles.

Así que yo digo: ¡viva el gazpacho andaluz!, o por lo menos lo decía, ya que de un tiempo para acá también me hace meditar. Porque yo me pregunto, entre otras cosas: ¿esos tomates, pimientos, etcétera, que son necesarios para hacer ese rico gazpacho, vendrán de los invernaderos de Almería, de esos plásticos llenos de inmigrantes que trabajan 12 horas por 2.500 pesetas? Sí, han leído bien: 12 horas por 2.500 pesetas. Hay que decir, en nombre de la verdad, que no todos. Pero sí bastantes, demasiados.

Esa es la realidad del Poniente almeriense, por mucho que el PP la quiera ocultar. Inmigrantes quemados por el sol, con un salario de 2.500 pesetas. ¡a la cárcel con ellos! si no están regularizados. Y me vuelvo a preguntar: ¿quién regulariza a esos empresarios?, ¿quién debería estar en la cárcel?

En fin, esta es la historia actual de Almería, a la que hay que decir ¡basta ya! antes de que sea tarde. Ahora empieza la campaña de la fresa en Huelva. Pero esa es otra historia que otro día contaré.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2002