Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
La jornada de Liga | FÚTBOL

Tierra quemada

La pira del Camp Nou demanda leña una vez que ya se ha quemado a Figo y no hay manera de que arda Rivaldo, insensible a la gasolina culé. La huida del portugués a Madrid sirvió de catarsis para pasar de Núñez a Gaspart como si tal cosa, y ahora resulta que la institución sospecha que mejor habría sido traspasar al brasileño. La traición de Figo y la tristeza de Rivaldo no alcanzan ya para apagar el fuego de un estadio que ante la visita a Tenerife duda tanto de un entrenador, Rexach, que no distingue entre el frío y el calor como de un presidente que, más que un club, parece dirigir una fundación, para suerte de unos jugadores a los que se acusa de vivir del cuento.

La situación ha superado de momento a Gaspart, que ni hace ni dejar hacer, una política propia de un presidente al que el nuñismo sociológico hizo la campaña electoral por miedo a que ganara Bassat. Gaspart fue aupado por compañeros suyos de la junta de Núñez, a los que les entró tanta grima por tener que salir de la directiva que costearon su campaña, y por los que, no pudiendo ser presidentes, no renunciaban a la vicepresidencia. Un año y medio después, sin embargo, ya circulan encuestas que dicen que la directiva es tan o más culpable de la delicada situación del equipo que el cuerpo técnico.

En tanto que depositario de voluntades opuestas, a Gaspart le cuesta vertebrar una acción de gobierno que satisfaga a las distintas sensibilidades representadas en una directiva multicolor, de manera que el partido comienza en la sala de juntas. La sensación es que hay directivos que trabajan en direcciones opuestas, que se hacen la puñeta o ejercen de espías para futuros candidatos, y que Gaspart se defiende hablando y no dejando hablar. La falta de cohesión del gobierno se transmite al equipo y aumenta la inestabilidad de una institución a la que históricamente siempre le gustó replantearse la vida a cada derrota y que últimamente ha recuperado tics muy preocupantes.

La organización de la entidad, por ejemplo, se muestra muy vulnerable ante cualquier contratiempo, ya sea en una concentración de la plantilla o frente a colectivos radicales como los Boixos Nois, que campan igual por el gol norte que por el palco. Un escenario propio de los años ochenta, aunque sin Núñez, que en su día terminó entregándose a Cruyff, el único personaje contemporáneo que acabó con el complejo de inferioridad del Barcelona. El nuñismo, sin embargo, le hizo la vida imposible a Cruyff y el cruyffismo a Núñez en un contencioso que se llevó a mucha gente por delante. El desgaste fue tan tremendo que el tejido social culé se resintió de mala manera y, a día de hoy, nadie ha sido capaz de reconstruirlo, hasta el punto de que la marca Barça como tal ya no se sabe qué significa.

Una parte de la hinchada ha dejado de ir al campo porque ha perdido su identificación con el club de la misma manera que los que acuden al estadio no se sienten vinculados al equipo y piden cambios. La cabeza de Rexach o la de Gaspart podrían apaciguar el fuego. Ocurre, sin embargo, que el entrenador ha dejado dicho antes del partido de hoy que le da igual si le echan, porque hay cosas peores, mientras el presidente sueña con montarse en un globo, tanto da si es para irse o para volver. Las declaraciones de uno y otro, consecuentemente, suenan a paja ante la leña de verdad que ha consumido el Camp Nou. Igual tienen razón ante tanta tierra quemada como lleva el Barça.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2002