"Los investigadores no se quejan por vicio. Muchos están al borde de la desesperación". Son frases de Rosario Laguna, directora del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB), un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid. Es una de las afectadas por el insólito comportamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología, que no ha ingresado el dinero correspondiente a los proyectos de investigación ya aprobados de la convocatoria de 2001, según han denunciado ocho sociedades científicas que agrupan a más de 2.000 investigadores [véase EL PAÍS de ayer].
"Los retrasos en los pagos nos están afectando de forma importante", dice Laguna. "Muchos investigadores no tienen dinero para trabajar. Hay personas contratadas con cargo a proyectos, y están sin trabajar o trabajando sin cobrar, con la promesa de que va a llegar el dinero".
El IIB tiene una plantilla de unos 50 investigadores, a los que hay que sumar becarios, contratados y personal técnico y administrativo (unos 300 en total). Trabajan en líneas relacionadas con salud humana. Publican un centenar de artículos al año en revistas científicas internacionales de prestigio. Es uno de los centros más afectados por los retrasos en los pagos del ministerio.
La retahíla de casos concretos es más bien monótona. El trabajo de Pilar Santiesteban está relacionado con cáncer y enfermedades de tiroides. Su último proyecto, del Plan Nacional de Promoción General del Conocimiento, acabó en julio, y se le ha concedido ya uno nuevo: 35 millones con los que podrá contratar un investigador posdoctoral. Esto lo sabe desde septiembre, pero el dinero no llega. En total, seis meses sin dinero... y sin posdoctoral.
La investigadora que trabajaba con ella, y que esperaba la renovación de su contrato con el nuevo proyecto, vino del prestigioso centro Marie Curie de Londres hace año y medio y ahora está dando clases particulares. "Para mí lo más fuerte fue cuando ella se fue", dice Santiesteban.
Amparo Cano está igual. También trabaja en cáncer, también acabó su proyecto, del Plan Nacional de Biomedicina, se le comunicó en agosto que se le había concedido uno nuevo (30 millones) y sigue esperando.
El caso de otra investigadora se acaba de resolver con un contrato por tres años, pero hasta hace un mes lamentaba haber dejado en su día un trabajo fijo en una cafetería de aeropuerto para dedicarse a la investigación. "Me fui a Alemania tres años y volví con un contrato de reincorporación por tres años". La década siguiente la pasó de beca en beca, y como no contemplaban baja por maternidad, sólo estuvo dos meses sin trabajar -irregularmente y con la complicidad de su jefa- cuando tuvo a sus dos niñas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2002