Josep Maria Álvarez prepara el Congreso de UGT de Cataluña, que se celebrará entre el 19 y el 22 de marzo en Tarragona. Álvarez echa mano del análisis convencional: 'Cuando baja el ritmo de crecimiento económico y sube el paro, quiere decir que estamos en una crisis. Pero las políticas gubernamentales sólo favorecen a los intereses empresariales más inmediatos'.
Pregunta. ¿La política económica del Gobierno favorece a las empresas a corto plazo?
Respuesta. Las políticas fiscales que se han desarrollado en los últimos años podrían haberse dirigido a la economía productiva; es decir, a la creación de riqueza estable, a la creación de producciones con valor añadido final de producto, y con calidad. Esto no se ha hecho.
'En 2001, unos 2000 inmigrantes se han dado de alta; es un crecimiento importante'
'El Estado debe recuperar protagonismo; debe estar presente en los sectores estratégicos'
P. ¿Las empresas piensan más en agregar valor que en establecer bases industriales sólidas?
R. Efectivamente. Este es el caso de Lear, que toma en Detroit la decisión de cerrar la planta de Cervera pensando más en el valor de las acciones en Bolsa. Lear pisa los derechos elementales de las personas. Y me indigna que estos señores de Lear hayan podido reunir impunemente a 1.300 familias para explicarles que en julio se van a la calle. Alguien tiene que proteger a estas familias.
P. ¿Los sindicatos estaban avisados; sabían lo que iba a suceder en Lear?
R. No, es falso. La empresa no lo había comunicado al comité.
P. ¿Qué les dice usted a los trabajadores marroquíes de empresas catalanas deslocalizadas?
R. Intenté visitar una fábrica de Roca Radiadores en Casablanca. Anuncié mi visita y me dijeron que no. Después he visto la actitud vergonzosa de Telefónica en Perú, con despidos masivos. Telefónica conculcó en Perú los convenios de la Organización Internacional del Trabajo.
P. ¿Las multinacionales son máquinas perfectas que se adaptan a lo que sea?
R. Hay algunas multinacionales que lo han puesto de manifiesto con campañas públicas. No hay que olvidar lo que ocurrió con la multinacional sueca Ikea [acusada de explotación infantil por algunos organismos internacionales], tan limpia, tan ecológica, o lo que ocurrió en su día con Nike. Luego vienen aquí a vender a nuestros niños algunas cosas que para hacerlas han matado la esperanza de vivir de muchos niños.
P. Ese toque romántico choca con algunas posiciones pragmáticas de UGT sobre la inmigración.
R. No lo veo así. Nosotros fuimos los convocantes del primer congreso de inmigrantes de Cataluña. Los inmigrantes ya empiezan a tener plena capacidad para ser protagonistas de su propio destino, y por tanto no se trata de que los dirigentes del sindicato ya establecidos, más o menos con un trabajo de primera, sean los que vayan determinando las políticas sin contar con ellos. Hay muchas personas que están trabajando en una situación de ilegalidad o alegalidad, lo cual quiere decir que carecen de cualquier condición. ¿Qué hacemos frente a esto? Algo muy sencillo: déjense de puñetas y normalicen la situación de estas personas.
P. Entonces, si la situación es tan clara, ¿por qué los inmigrantes no se sienten representados por los sindicatos de verdad, digamos?
R. No estoy de acuerdo en que los inmigrantes que están trabajando en una situación de normalidad no se sientan representados. En torno al 5% de nuestros afiliados son inmigrantes. En el año 2001 hemos tenido altas en torno a 2.000 inmigrantes, que es un crecimiento muy importante. Por tanto, no lo aceptaría en términos absolutos. El problema está en la irregularidad de los que llegan sin papeles y nadie la quiere arreglar.
P. ¿Es usted un antiglobalización?
R. Doy mi simpatía a las personas que en este momento están trabajando por una globalización diferente. Creo que la reunión de Porto Alegre ha supuesto una gran esperanza porque ya no ha sido un conflicto, sino la reflexión y la alternativa.
P. ¿Usted preferiría que el Estado fuera el propietario de algunas de las grandes compañías?
R. Es evidente. Creo que el Estado tiene que recuperar protagonismo. La mejor política es la que se hace, no la que no se hace. Para eso es preciso que el Estado esté presente en los sectores estratégicos y hace falta utilizar las políticas del Estado.
P. ¿Sería mejor, por ejemplo, que Endesa fuese pública como ocurre con EDF en Francia?
R. Sin lugar a dudas, yo preferiría una Endesa en manos del Estado que como está en estos momentos, y creo que con una Endesa en manos del Estado las tarifas se reinvertirían en nuestro país y no en aventuras caprichosas.
P. ¿Consulta a los sindicatos el presidente del Gobierno, José María Aznar, antes de nombrar al presidente de Telefónica o de Repsol, pongamos por caso?
R. No. Por lo menos, a mí no me ha consultado jamás, ni me invita a las cenas con industriales cuando viene a Barcelona. En fin, respecto a las grandes compañías no sé si la decisión última es de Aznar; por las informaciones que tenemos, parece que sí. Hombres, como Martín Villa (Endesa) o Alfonso Cortina (Repsol) no se dedican a la política con mayúsculas, sino que hacen política desde una empresa que había sido pública.
P. La gente tiene la sensación de que los sindicatos han dado un paso atrás. ¿Por qué?
R. Pues no es así. Europa, desde un punto de vista sindical, está hoy muy organizada.
P. ¿Pero, qué puede hacer un sindicato para frenar el vendaval de decisiones que toman las grandes empresas y que muchas veces perjudican a sus empleados?
R. Un sindicato debe defender a los trabajadores. Un Gobierno puede ir más lejos: aplicar leyes y forzar a las empresas a dejar riqueza duradera en el país. Por ejemplo, la adjudicación del contrato del AVE es una oportunidad de negocio muy lícita, pero a cambio el Gobierno podía haber intentado generar investigación y desarrollo en nuestro país compensando la concesión, y no lo ha hecho.
P. ¿Lo que sí funciona es nuestra transferencia de tecnología a otros países con menos desarrollo, como el caso del AVE de Egipto, concedido a Renfe?
R. Conozco el sector y puedo decirle que la única transferencia tecnológica que puede haber, en todo caso, es en mecanismos de funcionamiento del propio servicio porque Renfe no puede transferir la tecnología que no tiene.
P. Con tecnología propia o no, pero siempre es mejor decidir a que decidan por ti.
R. Por supuesto. Hace algunos años, visitando la empresa Taurus de Girona, cuando aún no atravesaba su reconversión, me encontré con un secador que salía de la línea en dos colores. Uno de Taurus y otro de Rowenta. Y dije: ¿y esto? Los dos secadores tenían exactamente las mismas piezas dentro. Sólo cambiaban el diseño y el sello del secador. Pasó el tiempo y un día estaba en una tienda y noté que la diferencia de precio a favor de la marca con tecnología propia era del 40%.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002