Cuentan los historiadores que durante el sitio de Barcelona de 1713-1714, 13 meses de resistencia durante los cuales la ciudad se mantuvo firme frente a las tropas castellanas y francesas de Felipe V pese a haber perdido cualquier posibilidad de que triunfara su candidato a rey de España, el austriaco archiduque Carlos, cayeron unas 30.000 bombas sobre la ciudad. Dos de ellas, de impacto, redondas y un tanto corroídas por el tiempo, han aparecido ahora en unas excavaciones en el mismo sitio en el que cayeron hace casi tres siglos. De una se aprecia incluso el impacto en la pared y los destrozos que causó en el suelo.
Las dos piezas de artillería se han encontrado en dos casas de la antigua calle de Bonaire, en otro tiempo una arteria principal de la ciudad, en la zona del Born, junto a Santa Maria del Mar. Tras la capitulación de Barcelona, la tarde del 11 de septiembre de 1714, los nuevos ocupantes ordenaron construir una ciudadela militar para controlar a los insurrectos. Con el fin de dejar libre el preceptivo espacio ante la muralla del fortín hubo que destruir el 17% del tejido urbano, que afectó a unas 1.000 viviendas. Las tropas vencedoras obligaron a los mismos propietarios a derruir sus casas, situadas en el barrio más activo, poblado y comercial de la ciudad.
Se sabía que allí se hallaban restos de los siglos XV al XVIII, pero no tan intactos
En una de las cocinas se conservan cenizas. La vida se detuvo en el Born de golpe
Con el tiempo, también la ciudadela fue destruida y en sus terrenos se celebró la magna Exposición Universal de 1888. Antes, en 1876, se había construido en una parte de la explanada el Mercat del Born, un singular edificio industrial diseñado por Josep Fontseré que al ser de arquitectura de hierro y cristal no precisó de grandes cimientos. Este mercado, en desuso desde hace décadas, está destinado a acoger la futura Biblioteca Provincial de Barcelona, que financia el Ministerio de Cultura. Al tiempo que se ha reforzado la estructura se han efectuado las habituales excavaciones arqueológicas.
Era sabido que allí aparecerían restos de la ciudad bombardeada, incluso del Rec Comtal, la acequia medieval que abastecía de agua a esa parte de la ciudad y que era, junto al mercado y el puerto, uno de sus puntos neurálgicos. Pero lo que nadie se esperaba es que los restos arqueológicos que se encontrarían, datados entre los siglos XV y XVIII, estuvieran tan intactos. 'Ha sido un milagro porque las casas no se demolieron hasta los cimientos, sino que en parte se cubrieron con tierra para construir la explanada', comenta el arquitecto e historiador Albert García Espuche, experto en las consecuencias urbanísticas de la ciudadela y autor de un reciente libro titulado El inventario (Muchnik Editores), en el que reconstruye a través de múltiples legajos notariales la vida cotidiana de la ciudad precisamente en esa zona, a mediados del siglo XVII.
'El mercado del Born ha protegido los restos, ya que su liviana estructura se sustenta en unas columnas muy finas con unos cimientos mínimos. Al estar bajo techo, el terreno ha quedado al abrigo de la lluvia', añade. Los arqueólogos que dirigen la excavación, Pere Lluís Artigas y Antoni Fernández, no disimulan su emoción. 'Nunca volveremos a trabajar en una excavación como ésta', afirman. 'Es lo más grande e impresionante que hemos encontrado nunca'.
No se sabe qué impresiona más, si el pavimento intacto de las calles, los muros de la antigua acequia medieval, las plantas y estructuras de las viejas casas, de las que en algunos casos se conserva la cocina y encimera, o el rastro de las bombas y los grafitos en algunas paredes. Escaleras, lavaderos, bodegas, letrinas, hornos y unas piletas que parecen haber pertenecido a un antiguo tintorero llevan de sorpresa en sorpresa al visitante. Como en Pompeya, la sensación que se tiene es que la vida se detuvo allí de golpe, de manera traumática. En una de las cocinas halladas incluso hay restos de las cenizas.
'Al contrario que en otros yacimientos, que precisan mucha explicación, aquí es muy fácil situarse y entender tanto lo que se ve como lo que ocurrió', abunda Fernández.
'No hay ningún yacimiento en Europa de estas características porque tampoco hubo nunca una demolición sistemática de un área tan grande como la que se produjo en Barcelona en aquella época', añade García Espuche, quien opina que la excavación tiene un interés 'del nivel de la torre Eiffel para París'.
La excavación comenzó en noviembre y está previsto que finalice en dos meses. De momento se ha excavado aproximadamente la mitad, en las dos partes laterales del viejo mercado, y aún falta empezar los trabajos en la parte central.
No hay ninguna decisión tomada respecto a lo que se va a hacer con estos restos. La consigna, de momento, es esperar a que todo esté excavado y después estudiar si se sigue con el proyecto inicial, que supone la desaparición de gran parte del yacimiento -ya que la biblioteca precisará de una planta subterránea para depósito de libros y un auditorio-, o bien se conservan los restos y se busca otra ubicación para la biblioteca, cuya construcción ha costado casi 20 años de negociaciones.
Barcelona es de las pocas capitales de provincia que no dispone de una biblioteca provincial, por lo que su construcción se ha convertido en una de sus principales prioridades culturales. En marzo del año pasado se firmó el último convenio por el que el Ministerio de Educación y Cultura aportaba 34,19 millones de euros (5.689 millones de pesetas) para el edificio, cuyo solar es propiedad municipal. De la gestión del centro se hará cargo la Generalitat.
El proyecto de los arquitectos Enric Sòria y Rafael Cáceres, que según las previsiones debía estar listo en 2004 o 2005, preveía mantener algunos restos arqueológicos a la vista en una pequeña parte del subterráneo. Pero la magnitud de los hallazgos podría modificar estos planes. 'No ha habido nadie que haya visitado estos restos que no considere que deben conservarse', afirma el arqueólogo Pere Lluís Artigas. A juicio de García Espuche, un yacimiento como éste no puede quedar mutilado 'porque lo interesante es la trama urbana del conjunto'. Entre los arqueólogos ha corrido la voz y, aunque de momento no hay manifiestos públicos, comienza a ser un clamor la petición de conservar la excavación.
El valor simbólico del hallazgo tampoco se le escapa a nadie. No existe mejor lugar para explicar la historia de Cataluña de principios del XVIII, que es, precisamente, la más reivindicada por el nacionalismo. El cercano Fossar de les Moreres, lugar donde los patriotas catalanes fueron fusilados por las tropas borbónicas, es un símbolo que ahora se ve iluminado por la historia viva.
El problema está en manos de las administraciones, que en un plazo breve tendrán que decidir si buscan rápidamente un nuevo emplazamiento para la necesaria biblioteca provincial o acaban de una vez por todas con lo que empezó Felipe V.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002