El próximo invierno no será, en lo que a moda se refiere, una temporada de creación y riesgo. Al menos eso demuestra la semana de la Moda de Milán. 68 desfiles que, entre el 24 de febrero y el 5 de marzo, tienen lugar en esta capital de la moda en la que también se presentan los nuevos accesorios, zapatos y bolsos para el invierno 2002-2003. La línea de los sesenta y mucha influencia hippy de los setenta han sido lo más destacado.
La pasarela de Milán se resiente del temor a la recesión económica y todavía sufre el efecto del 11 de septiembre -el otoño pasado ni los compradores ni la prensa internacional acudieron a los desfiles para la primavera 2002-. La mayoría de los diseñadores han evitado correr riesgos a la hora de elaborar sus creaciones, optando por recurrir a la seguridad de renovar prendas clásicas y básicas con algún toque o detalle distintivo.
En vez de un look total, se mezclan y combinan piezas. Así se da la sensación de que la moda en estos momentos se encuentra en un estado de limbo donde cada una tiene la libertad de escoger del baúl de los recuerdos lo que más le plazca y combinar entre sí al estilo ad lib ibicenco. Se mezclan prendas de cortes y tejidos masculinos como abrigos, chalecos o gabanes en tweeds de lana, espigas o cuadros galeses, cazadoras de cuero envejecido con otras más femeninas, como largos vestidos o faldas campesinas en gasas de seda, terciopelos o chifones.
Destacan los años sesenta con minivestidos y faldas, abrigos evasés, pasando por los setenta con mucha influencia hippy de lujo, el uso del patchwork, los pantalones bajos de cadera con patas trompeta, o metidos dentro de las botas y ajustados en tobillos al estilo bombacho. Todo acompañado de grandes jerséis y cardigans-abrigos en punto rústico grueso con superposición de varias piezas.
Los primeros días se dedicaron a las líneas más jóvenes de las grandes firmas. Así, Gianfranco Ferré destacó con su colección inspirada en los años sesenta de cortes severos y geométricos para minisastres. Incluye vestidos evasé, levitas en crepes de lana doble faz o gasas de seda en monocolores negro, blanco, rojo o berenjena.
Dolce y Gabbana recorrió los montes tiroleses con una moda para toda la familia que incluyen cardigans y jerséis amplios en lanas tweed rústicas y simpáticas faldas cortas con bordados de flores de colorines. Moschino Cheap and Chic rebuscó en su propio archivo para rescatar prendas clásicas como el traje estilo Chanel en tweed negro con vivos de grosgrain, el abrigo corto de los sesenta de cinturón ancho o el pantalón gaucho en lana beis. Alessandro dell'Acqua ha abandonado las transparencias para utilizar camisetas de tirantes por debajo de sus vestidos y blusas de gasas a veces bordadas con strass, además de emplear lana negra simulando el pelo de cordero de Mongolia gigante para chaquetones, abrigos y botas.
Prada rompió su línea sobria para ofrecer impermeables a la rodilla en plástico transparente con vivos negros o naranjas. También mostró micromonos shorts y minivestidos sin mangas con escote a pico, en los que se combinan materiales como cota de malla metálica, raso de seda en tonos ácidos y capas de tul negro bordado con azabache. Sportmax opta por exaltar la mujer tipo Walkiria de latitudes frías utilizando pieles vueltas de pelos largos y rústicos en tonos hueso o crudo para chalecos, abrigos, chaquetones y botas altas. Éstas contrastan con delicados vestidos en tul transparente o chifones de seda dorados, cobre y marrón café. Hoy desfilan Gucci, Versus, Fendi, Etro, Gianfranco Ferré, Blumarine y Jil Sander.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002