La trola no podía colar, pero se intentó. Se intentó que la eurodiputada socialista valenciana, Maruja Sornosa, cargase con el muerto de la enmienda que propuso en la comisión del Medio Ambiente del Parlamento Europeo para impedir la financiación comunitaria del Plan Hidrológico Nacional (PHN) que postula el PP. Convirtiéndola en víctima propiciatoria, el partido quiso atenuar su responsabilidad y desviar la atención acerca del gran desbarajuste que, en punto a la política de aguas, resquebraja sus filas y desconcierta a sus clientelas. Pero la maniobra era tan ingenua como grosera, mayúsculos los errores cometidos y, encima, el Gobierno sacó a relucir toda su santabárbara patriótica para explotar el éxito de lo que reputa poco menos que una victoria histórica.
José Luis Rodríguez Zapatero, el secretario general del PSOE, sabrá cómo administrar este descrédito imprevisto así como el fardo de discrepancias que anidan en su partido, cuarteado por la oposición al PHN del PP. Prodigioso será que logre encajar los criterios del presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, y el de Castilla-La Mancha, José Bono, que han antepuesto los intereses de sus respectivas autonomías a la disciplina partidaria, con el apoyo inexplicado de los barones Manuel Chaves y el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. No se recuerda un caso de mayor dispersión y desmadre en el seno de la familia socialista.
Pero este es su problema y nos cae un tanto lejos. Lo que nos incumbe de manera más apremiante es el papelón que en todo este episodio ha representado el socialismo valenciano y su dirigente Joan Ignasi Pla que, acrítico y disciplinado, se ha sometido a las directrices de Madrid hasta el punto de dejarse las plumas en el empeño. No se ha sentido compelido al constatar cómo unos y otros cofrades se desmarcaban oportunamente de la línea oficial del partido, apostando éstos por el interés principal de sus propios electores manchegos, aragoneses e incluso catalanes en el último instante. Ni siquiera ha prestado oídos al clamor de los agricultores y empresarios indígenas, por no hablar de los vecindarios estacionalmente sedientos, alarmados por el hecho de que un partido de raíz valenciana vetase la financiación del anhelado trasvase con fondos europeos. El PSPV ha aguantado el tipo, sí señor. Lo dudoso es que se traduzca en una mejora de su crédito.
La alternativa a este ejemplo de obsecuencia y seguidismo consistía en auscultar las ansiedades de los citados colectivos y valorar la temperatura política que siempre ha suscitado y suscita en este país el abastecimiento de agua, ya para el riego, ya para usos de boca. No se necesita tener mucha memoria histórica para recordar las viejas reivindicaciones de las comarcas del sur valenciano y las renuenecias de los usufructuarios del Júcar a ceder aguas. A todos, pues, había que explicarles cuál era la política hidráulica socialista. Al fin y al cabo, tampoco era tan distinta de la que abandera el PP, pues ambas se nutren del Ebro. Pero, en cambio, de la prédica socialista valenciana se ha desprendido que se impugnaba el trasvase y también su financiación con cargo a Bruselas. En algún instante, a mayor abundamiento, se ha entendido que el PSPV se alineaba con las políticas de los ecologistas y propiciaba una reforma radical de la nefasta administración de las aguas que hoy se ejecuta en España, renunciando a los trasvases y al faraonismo hidráulico que conllevan, con el consiguiente saqueo de recursos económicos e hídricos.
Debemos suponer que Rodríguez Zapatero y Joan I. Pla han puntualizado debidamente su posición, digamos hidrológica, ante la crema del patronato autonómico. Aunque desde la Generalitat -nos referimos al entorno de Presidencia- se hizo lo posible para que la cita se frustrase, los empresarios acudieron y ya sabrán a qué atenerse. Por lo que nos consta, salieron reconfortados de dicho encuentro. Quienes estamos sobre ascuas somos los ciudadanos de a pie que no sabemos si el PSPV está ahora a favor del PHN, en contra, o con los ecologistas. Es más, no sabemos si está, se le espera o se ha ahogado en su incoherencia. Lo cierto es que en esta partida ha jugado la peor de las opciones.
PREMIOS A LA LIBERTAD
La Unió de Periodistes Valencians ha otorgado sus Premios a la Libertad de Expresión al colectivo de colegas que trabaja en el País Vasco, a mi tronco en esta misma página, Enrique Cerdán Tato, y al Comité de Redacción de Canal 9. No acudieron representantes del estamento oficial con vitola de tales. El centrismo gobernante no está todavía bastante centrado. Por la misma razón, TVV se inhibió del evento, confirmado de este modo las críticas que le formula el mentado comité. Así pudo quedarse la cosa, pues se trata de un desdén habitual. Lo malo es que la TV autonómica se apoderó de la noticia en fuente ajena y la retorció. Premio a la manipulación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002