La bata de cola, esa señorial y sugestiva indumentaria de las bailaoras flamencas cuyo uso ha venido a menos irremediablemente por las dificultades que implica, fue la protagonista de esta singular sesión del Festival de Jerez.
También las bailaoras fueron protagonistas, por supuesto. Cuatro sevillanas de personalidades diferentes, cada una con su propio estilo; cuatro bailaoras, por añadidura, entre las que hay alguna de las pocas que hoy aún se distinguen por su saber en el empleo de esa mítica vestidura, una vez retirada Matilde Coral, que fue la verdadera maestra en esto. Téngase en cuenta que la bata de cola condiciona el baile de una manera sustantiva, de tal manera que una buena bailaora con traje flamenco sin cola puede fracasar en un mismo tema si no está en el secreto de cómo emplear esa bata que de alguna manera marca decisivamente su quehacer.
De Sevilla / Elogio de la bata de cola
Isabel Bayón, Merche Esmeralda, Ana María Bueno y Milagros Mengíbar. Teatro Villamarta, Jerez de la Frontera, 1 de marzo.
Cada una de las bailaoras debía hacer un baile con bata de cola. Milagros Mengíbar, no sé si por despiste o por el afán competitivo, hizo dos. En el primero, la petenera, no llegó a cuajar un gran baile, aunque tuvo momentos hermosos propiciados por el excelente cante de Juan Reina y Manolo Sevilla; con ellos, hay que mencionar el exquisito toque de Rafael Rodríguez, en verdad eminente. En las cantiñas, en cambio, Milagros se volcó en una apasionada fusión con la bata de cola, que movió con alegría y rabia, en un perfecto y arrebatador entendimiento de lo que este traje exige de la bailaora, que no es fácil ni está al alcance de cualquier oficiante de este arte.
Merche Esmeralda lució su espléndida figura, un espectáculo por sí misma enfundada en la bata de cola. Bailó soleares con buen son y un amplio repertorio de recursos, subrayados siempre por su luminosa sonrisa. Por delante hizo unos tangos alegres y llenos de dinamismo.
Ana Mari Bueno dejó constancia una vez más de su buen hacer casi solemne, frío quizás, pero de una perfección formal de gran escuela. Unas señoriales siguiriyas con la bata de cola y con palillos, y antes había bailado muy bien la farruca, género no frecuentado por mujeres y que se suele bailar sin cante, lo que tampoco se dio en este caso.
Por último, Isabel Bayón puso una discreta corrección en los dos bailes que interpretó, alegrías con la bata de cola y tientos. Las cuatro bailaoras triunfaron, en una representación que fue en especial interesante por el contraste de estilos y técnicas, al socaire de ese monumento de baile jondo que es en sí la bata de cola.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002