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El Gobierno se opone a la apertura de cafés especializados en apuestas hípicas

El Gobierno regional excluye los cafés-carreras como centros de futuras apuestas hípicas

El Gobierno de la Comunidad ha excluido los cafés-carreras, locales donde se apuesta tomando una copa, del borrador de reglamento elaborado para normalizar el juego en el hipódromo de la Zarzuela. Este documento, en fase de alegaciones, está ya en poder de Patrimonio Nacional, propietario de las instalaciones. No sucede lo mismo con el que tiene que redactar el Organismo Nacional de Loterías (ONLAE). Patrimonio ve con preocupación la demora y asegura desconocer la fecha de un nuevo concurso para adjudicar el hipódromo, cerrado desde hace cinco años.

La legislación sobre las apuestas se está confeccionando de manera paralela: por un lado, el Gobierno regional regula el juego que se realizará en la Comunidad de Madrid, y por otro, el Estado hace lo propio con lo que será la apuesta nacional, antes conocida como quiniela hípica. Estos dos reglamentos son premisas fundamentales para poder convocar el concurso que adjudique de nuevo la explotación de las instalaciones de la Zarzuela, que permancen cerradas desde hace casi cinco años.

El Consejo de Administración de Patrimonio Nacional, organismo dependiente del Ministerio de Presidencia, decidió el pasado mes de octubre anular el concurso de adjudicación del hipódromo y convocar uno nuevo. La gestión del recinto hípico para los próximos 25 años había sido adjudicada en marzo al grupo Equalia, liderado por Antena 3.

Pero los adjudicatarios renunciaron a su derecho porque el empresario Enrique Sarasola, antiguo gestor del hipódromo, había reclamado judicialmente la propiedad sobre las apuestas hípicas, la principal fuente de recaudación para quien consiga volver a poner en funcionamiento las deterioradas instalaciones de la cuesta de las Perdices.

Ante la imposibilidad de llevar a cabo su proyecto, que incluía la creación de los llamados cafés-carreras, establecimientos de ocio en los que se podría apostar mientras se toma un refresco, Equalia renunció a sus derechos. Sin los cafés-carreras, la recaudación del hipódromo es pequeña. A ninguna empresa le interesan así las instalaciones. Pero el Gobierno regional, en vez de regular la creación de estos centros de apuestas, ha decidido obviarlos. Fuentes del Ejecutivo regional argumentan que el Gobierno no desea sacar de los recintos tradicionales (hipódromos, casinos, locales de apuestas mutuas...) las apuestas. El hipódromo se queda sin atractivos añadidos.

El Senado, tras atender una petición del Ministerio de Presidencia, decidió en noviembre pasado derogar tres reales decretos que regulaban el juego y la conservación del centro hípico. De esta manera, Patrimonio Nacional esperaba poder convocar en 2001 un nuevo concurso para adjudicar por fin la gestión del hipódromo y de las apuestas. Patrimonio Nacional explicó entonces que ésta era la manera más 'rápida y rotunda' para intentar recuperar las instalaciones.

Pero ahora Patrimonio admite que el futuro del hipódromo está sin resolver. 'La elaboración de los nuevos reglamentos va muy lenta', dicen.

Una larga espera sobre las pistas

A la espera de noticias sobre su futuro, sobreviven los profesionales del hipódromo de la Zarzuela desde hace cinco años. Los techos de los boxes, en los que permanecen los últimos 200 caballos, están en ruinas. Las cubiertas se caen y las puertas se tienen que apuntalar. La hierba de la pista está llena de hoyos. Entrenarse acarrea el riesgo de una lesión tanto para los caballos como para los yóqueis. Los hoyos se deben tanto a la falta de mantenimiento de la hierba como a la presencia de jabalíes que llegan desde el monte de El Pardo tras abrirse paso entre las carcomidas vallas. Los habitantes de este hipódromo en ruinas cuentan que, al caer la noche, una veintena de jabalíes se pasea por allí. El agua a veces escasea porque el Canal de Isabel II la corta, ya que Patrimonio no la paga. Se tienen que arreglar con la que sacan de un pozo cercano. 'A veces sale un poco marrón', cuentan. 'Y cuando llueve se va la luz', añaden. 'Patrimonio, se gasta el dinero en intentar que la tribuna, y en concreto el voladizo, construido por el ingeniero Eduardo Torroja, no se venga abajo', dicen los trabajadores del hipódromo de la Zarzuela. 'Lo demás no les importa'. La larga historia de desastres en el hipódromo comenzó el 30 de junio de 1992, cuando el empresario Enrique Sarasola firmó dos contratos por los que se hizo con la explotación y las apuestas de la Zarzuela hasta 2014. Cuatro años más tarde, en 1996, la Sociedad Hipódromo de la Zarzuela, propiedad de Sarasola, suspendió pagos. Se inició a continuación una contienda en los tribunales entre Patrimonio Nacional y la sociedad. En 1999, Patrimonio obtuvo sentencias favorables de la Audiencia de Madrid que decretaron el desahucio contra esta empresa por el impago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). En 2000, Sarasola sale del hipódromo y Patrimonio convoca un concurso para la adjudicación de la explotación. El fallo se produce en marzo de 2001. En mayo pasado se revocó la resolución, y en octubre, tras un dictamen del Consejo de Estado, se decretó la anulación del concurso y se acordó convocar otro. En diciembre, el Senado derogó tres decretos para desvincular la gestión del hipódromo del juego. Paralelamente, en enero se comenzaron a elaborar los reglamentos sobre el juego. Ginés López, director regional del Juego, asegura: 'A nosotros nos pidió Patrimonio que trabajáramos lo más rápido posible, y así lo hemos hecho. Ya tenemos un borrador de reglamento, en el que se recoge toda la normativa, que depende de la Comunidad. En él no contemplamos la posibilidad de que existan cafés-carrera'. La negativa a los cafés-carreras ha sido mal recibida por los grupos que aspiran a gestionar el hipódromo, ya que estos establecimientos, en otros países, generan un volumen de juego muy elevado. En el Reino Unido, por ejemplo, los locales para apuestas hípicas se encuentran en todas las calles comerciales de ciudades y pueblos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002

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