El escándalo Enron ha puesto en la picota los considerados hasta ahora firmes y solventes principios contables de EE UU. Mientras expertos y legisladores abordan la manera de ampliar y mejorar las 12.000 normas contables actuales, para poner coto a los excesos de creatividad de algunos gestores, desde Europa se les invita de forma interesada, y con escaso éxito hasta ahora, a que adopten sus propias reglas, los Estándares Internacionales de Contabilidad (IAS).
Alan Greenspan prefiere una reforma de las normas contables vigentes a la adopción del sistema IAS que propone Europa
La retribución a los ejecutivos con opciones sobre acciones generó manipulaciones para obtener ganancias a corto plazo, dice Greenspan
La regulación contable norteamericana se pierde en la minuciosidad de los detalles exigidos en detrimento del fondo
Alan Greenspan, el supremo gurú de la economía norteamericana, tiene claro de dónde viene el lodazal financiero del caso Enron. El presidente de la Reserva Federal de EE UU apunta a los años ochenta, cuando se convirtió en clamor el vincular la retribución de los ejecutivos a la marcha de las empresas. 'Con el cambio a compensar con opciones sobre acciones se pasó a manipular el sistema para conseguir ganancias a corto plazo', dijo el miércoles a los congresistas del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes.
Los rectores de las empresas pasaron a interesarse a toda costa en producir resultados que hincharan la cotización bursátil de modo que ellos capitalizaran de forma multimillonaria sus cuentas corrientes. De ahí, la contabilidad agresiva. El organismo que debía regular la contabilidad de la nueva técnica retributiva sucumbió a las presiones inmovilizadoras. Ahora, se va a poner coto por vía legal a ese sistema y los Principios Contables Generalmente Aceptados (GAAP) por los que se rige el sistema de contabilidad en Estados Unidos recibirán unas cuantas paginas más de normas. Y ya tiene unas 12.000 entre normas, adendas, ampliaciones y boletines.
Una selva normativa
En esa minuciosa selva normativa se emboscaron ejecutivos sin escrúpulos ante el ojo complaciente de los auditores para producir casos como el de Enron y otros que precedieron a la mayor quiebra de la historia. La Comisión Europea considera que los GAAP dejan demasiado que desear y ha planteado como alternativa los suyos, los Estándares Internacionales de Contabilidad (IAS), que Bruselas propone como modelo a seguir en todo el mundo, incluido Estados Unidos.
La primera reacción de la superpotencia, con una larga tradición contable uniforme, ha sido de escéptico rechazo al plan europeo. Mejor retocar el régimen contable propio. 'Nuestro sistema contable es muy superior a cualquier otro del mundo', dice Greesnpan. 'Pero necesitamos arreglar lo que no funciona y sugeriría que lo primero es hacer un buen diagnóstico'. Robert Herdman, un alto responsable de la SEC (Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos), mantiene que no es necesario un cambio radical de los GAAP: 'Tenemos que seguir mejorando, en vez de prescindir del sistema'.
Para la UE del euro, la adopción universal de los IAS sería un gran paso adelante en su intento de convertirse en agente de primer orden en los mercados de capitales. David Tweedie, presidente del IASB (Consejo sobre Estándares Internacionales de Contabilidad, el organismo radicado en Londres que elabora los IAS), ha comparecido ante el Congreso norteamericano para dejar caer la semilla de sus intenciones, sin mayor éxito aparente a juzgar por las palabras de Greesnpan y Herdman. Estuvo secundado por Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal norteamericana y hoy líder del patronato del IASB. 'No se nos pasa por la cabeza que Enron no hubiese ocurrido con la aplicación de estándares internacionales'' dijo el británico con aire modesto a los congresistas, antes de señalar: 'Algunos de sus estándares no son tan buenos como otros que hay por el mundo y no los vamos a asumir'. Los IAS son un cóctel de sistemas contables que pretende ser el destilado de lo mejor que ahora mismo se aplica en diversos países. Serán de obligada aplicación en la Unión Europea a partir de 2005.
A pesar de su franqueza, Tweedie estuvo conciliador y reconoció ante los congresistas que los IAS necesitan del apoyo norteamericano si quiere llegar donde se pretende. En sus antípodas verbales anda Frits Bolkestein, comisario para el mercado interior de la UE. 'Si se mira dónde se han producido varios escándalos financieros se ve que ha habido más en Estados Unidos que en Europa', declaraba hace unos días al Financial Times. 'Tiene que ver con los GAAP'. El comisario atribuye el mayor riesgo al puntillismo de los patrones contables norteamericanos: 'Marcas las casillas y hecho'. Bolkestein se va a entrevistar en mayo con Harvey Pitt, el presidente de la SEC para tratar de convencerle de la bondad del cambio.
La imagen del test aireada por Bolkestein está muy arraigada entre quienes conocen los GAAP. Son tan detallados en sus exigencias, tienen tantos punto que cumplimentar que, paradójicamente, se convierten en un coladero. Cada vez que a un agudo responsable financiero se le ocurre una idea se va a las normas y si ve que no está contemplada, la aplica. Luego pregunta a los responsables de contabilidad: '¿Dónde dice que esto no se puede hacer?'. Si no está explícitamente prohibido, está permitido. Todo en nombre de la cuenta de resultado. Un estudio del Jerome Levy Economists Institute, un organismo privado, estima que en los últimos años las compañías de EE UU han exagerado en un 20% sus ganancias reales.
Los GAAP, concebidos en tiempos de industria clásica, quedan en evidencia ente esta práctica de contabilidad agresiva favorecida por una economía cada vez más compleja unida a modelos de actuación sólo posibles gracias a la informática. Y los auditores se lavan las manos. 'Nosotros no entramos en la gestión, que corresponde a los responsables de las empresas. Sólo comprobamos que los datos que se apuntan en los libros son reales', decía uno la semana pasada. Los auditores no quieren enajenarse al cliente y le dejan hacer.
'La tendencia es que cuanto más complejas son las normas, más tiempo se dedica a cumplirlas técnicamente', reconoce Timothy Lucas, un responsable del Consejo sobre Estándares de Contabilidad Financiera (FASB) el organismo que elabora los GAAP. 'En algunos casos se pierde el objetivo de proporcionar información financiera'.
Guardar las formas
Contra ese perverso dominio de la forma sobre el fondo se levantan los IAS, que son menos detallados y más flexibles que los GAAP y conceden mayor capacidad fiscalizadora a los auditores. Los norteamericanos no pueden liberarse del detalle. En el caso de las entidades de propósito especial usadas por Enron para ocultar cientos de millones de pérdidas (sólo Chewco, una de ellas, tenía 600 millones en números rojos) hay una propuesta de reforma elaborada por el FASB. Hasta ahora, una empresa podía mantener una de estas entidades fuera de sus cuentas si participaban en ella terceros con un 3% del capital. La nueva propuesta eleva al 10% el umbral para seguir dejándola fuera de los libros. Los IAS establecen que la exclusión o no de la contabilidad general de semejantes instrumentos financieros dependerá de los riesgos y beneficios que proporcionen a la empresa.
Incentivos malsanos
Jeffrey Skilling, ex presidente y consejero delegado de Enron, hizo 66 millones de dólares negociando derechos y acciones del grupo entre febrero de 1999 y junio de 2001, una cifra que indignó a los senadores que le interrogaron el martes mientras la comparaban con la ruina de miles de empleados. Las opciones sobre acciones han sido uno de los vehículos de ingeniería financiera utilizados para incrementar los resultados aparentes de las empresas, mecanismo que EE UU y la UE quieren controlar. Los estándares internacionales de contabilidad (IAS) tienen planteada su consideración, como también hay intentos en Washington de modificar su estatuto en los principios contables generalmente aceptados (GAAP), donde hasta ahora la opciones sobre acciones gozan de una opacidad contable que además va a acompañada de beneficios fiscales para las empresas. 'Entre 1995 y 2000, casi el 3% de las ganancias anuales de las empresas derivaron del hecho de que en las grandes corporaciones se emplearon como retribución opciones sobre acciones en vez de dinero', subraya Alan Greenspan. En 1995, la retribución de un consejero delegado de una corporación de EE UU constaba de un 41% en salario, un 42% en incentivos a largo plazo, sobre todo opciones sobre acciones, y un 17% en incentivos a corto, como primas, extras y demás. En el cambio de siglo, la relación había pasado a ser 18%-65%-17%, mientras la retribución promedio ascendía del millón de dólares a los 2,85 millones. Con razón tenían los ejecutivos alicientes para hacer subir artificialmente el valor de las acciones. Harvey Pitt, presidente de la SEC (Comisión del Mercado de Valores), ha dicho esta semana: 'Ejecutivos y miembros del consejo de administración que producen resultados ilusorios no deberían beneficiarse mientras los inversores pierden los ahorros de toda una vida'. Paul O'Neill, secretario del Tesoro, también aboga por introducir medidas que hagan a pagar a los gestores por decisiones que, sin ser ilegales, dañan a los accionistas. Greenspan abunda en la idea y dice que aplaudiría que se les responsabilizara de las prácticas contables en sus empresas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002