José Antonio Aróstegui Arambarri (Bilbao, 1944) ha tenido el privilegio de contar entre sus profesores de la Universidad Comercial de Deusto a Pedro Toledo, el que fuera presidente del Banco de Vizcaya (BV), y a Alfredo Sáenz, actual consejero delegado del Santander Central Hispano (SCH), también procedente del BV. Quizá esta labor docente marcó el futuro de Aróstegui, un vizcaya de pura cepa, que la semana pasada fue nombrado director general responsable de personal, tecnología y costes del SCH, el mayor banco de España. Ahora tendrá bajo su control un área que gasta 1550 millones de euros, el triple que en Banesto. Aróstegui inició su andadura en PriceWaterhouse, para pasar después a General Eléctrica Española. En 1981 entró en el Banco de Vizcaya, donde se dedicó a la espinosa tarea de la auditoría interna. Un año después se colocó en la división en la que se ha especializado: gestión de personal, informática, organización y control de gestión.
En 1991 Aróstegui saltó del BBV y acudió a la llamada del entonces presidente de Argentaria, Francisco Luzón, otro ex vizcaya. En Argentaria también se ocupó de los costes hasta 1996, cuando llegó Francisco González a la presidencia de esta entidad, momento en el que Aróstegui aceptó la oferta de Sáenz, que pilotaba Banesto, para ir a esa entidad, también con las tijeras en la mano. Allí estuvo hasta la semana pasada. Este ejecutivo se ha convertido en el primero que abandona Banesto tras la llegada de Ana Patricia Botín a la presidencia el 14 de febrero. Él mismo puntualiza que 'no me marcho de Banesto, he venido al SCH respondiendo a una llamada muy especial'.
El aterrizaje de este ejecutivo -aficionado al Athletic Club de Bilbao y a la lectura-, ha sido polémico. Ha sustituido a Baldomero Falcones, de 55 años, a pesar de que él cuenta con 57. Además, una de sus misiones será prejubilar a los empleados mayores de 51 años. Los sindicatos le han recibido de uñas porque le consideran 'un hombre poco accesible y menos flexible. Si no cambia de actitud, habrá problemas', vaticinó María Jesús Paredes, de CC OO. En Banesto tuvo una dura tarea, ya que redujo su plantilla en casi el 30% en cinco años.
Tanto sus colegas como sus competidores coinciden en que se ha metido 'en la boca del lobo', en el reto más difícil de su carrera. 'Emilio Botín, presidente del SCH, está obsesionado con reducir costes y le ha puesto un listón muy alto', comentan. Aróstegui lo reconoce, pero también recuerda que no cree 'en el modelo del hacha porque mi misión es que exista un equilibrio entre ingresos y gastos, de manera que prestemos un buen servicio'. Este ejecutivo confía en evitar la conflictividad laboral 'a través de contactos marcados por la normalidad, haya o no acuerdos'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002