Endesa ha dado un golpe de timón, en vísperas de la sustitución de Martín Villa por Pizarro en su presidencia, para centrarse en su negocio tradicional y en los mercados donde ya opera (España, Latinoamérica, Italia y Francia). Un endeudamiento acumulado de 25.000 millones de euros, unido a la desaceleración de la economía, al hundimiento de Argentina y a la crisis de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías, han empujado a la eléctrica a cambiar sus objetivos estratégicos anunciados hace 11 meses y a recortar en un 37% las inversiones previstas.
Endesa, que ya no aspira a convertirse en multiutility y va a desinvertir en negocios ajenos a la energía, y que tampoco va a embarcarse en comprar nuevas empresas en Europa, confía su desarrollo en el próximo lustro al crecimiento orgánico con el objetivo de reducir drásticamente su deuda y generar valor para el accionista. El magro crecimiento de su beneficio en 2001, apuntalado por la nueva fiscalidad por venta de activos, avala también su giro estratégico.
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002