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REPORTAJE

"¿Quién te dice que no puede pasar de nuevo?"

Vecinos de Villabona muestran su preocupación ante la posibilidad de un nuevo vertido contaminante al río Oria

Un día después de que el vertido de 8.000 litros de ácido clorhídrico al río Oria rompiese por unas horas la calma de la localidad guipuzcoana de Villabona, la tranquilidad volvía a reinar ayer en el municipio. Pero era una tranquilidad no exenta de expectación y de cierta dosis de preocupación que miraba hacia la empresa Papelera del Oria, sita justo en el pueblo de enfrente, en Zizurkil, al otro lado del río, y de donde se escapó el viernes a mediodía el potente ácido que causó una nube tóxica a su contacto con el agua.

Y es que, como se preguntaba una vecina que ve la papelera nada más asomarse a su balcón, '¿quién te dice que lo que ocurrió ayer [por el viernes] no puede pasar de nuevo?' El ácido clorhídrico, al llegar al río, levantó una nube tóxica de color blanquecino que se dirigió hacia Villabona. La mujer convive con la empresa 'desde siempre' y no recuerda ningún otro escape similar. El ruido de las instalaciones es molesto, pero mucho más lo era el olor que despedía hace años, cuando todavía se hacía en la fábrica la pasta de papel. Así que no es que le guste la presencia de la papelera al otro lado del Oria, pero la sobrelleva, eso sí, con algo más de 'preocupación' desde el viernes, cuando la Policía Municipal comunicó a través de megafonía lo sucedido y pidió a los ciudadanos que no saliesen de sus casas.

La misma preocupación compartía otra vecina que reside también en las proximidades de la papelera. 'Cerramos las ventanas y no notamos los efectos de la nube, pero parece que puede poner en peligro la salud', comenta. El humo blanco que se forma cuando el ácido clorhídrico entra en contacto con el agua causa problemas respiratorios, picores y molestias en los ojos. El viernes, la rápida intervención de los bomberos, que disolvieron la nube en poco más de diez minutos con agua pulverizada, unida a la lluvia que caía en el momento del accidente, evitó daños a los habitantes de Villabona. Ninguno tuvo que ser atendido por los efectos del escape tóxico.

Aún así, esta mujer aseguraba ayer que, a partir de ahora, va a estar 'más a la expectativa', al tiempo que subrayaba la necesidad de 'prevenir y poner los medios' para que no se produzcan vertidos. El depósito del que se escaparon los 8.000 litros de ácido clorhídrico tras romperse una válvula contaba con una cubeta de reserva de 25.000 litros para evitar este tipo de accidentes, pero, al parecer, el sistema falló porque no se hallaba en buenas condiciones, según fuentes del Departamento de Medio Ambiente.

'No deberían permitir que estas papeleras estuvieran dentro de los pueblos', se quejaba ayer uno de los guardias municipales que estaba de servicio el viernes por la mañana en Villabona. Y se refería tanto a Papeleras del Oria, de Zizurkil, como a la empresa La Salvadora, firma centenaria sita a escasos metros del Ayuntamiento de Villabona y que, aseguró, 'de vez en cuando echa al río caolín', arcilla blanca muy pura constituida por silicato de alúmina hidratado.

El malestar del guardia local, que notó 'un picorcillo' en la nariz y la garganta al llegar al lugar del vertido, está acompañado de argumentos. 'Al principio pensamos que era una tontería, pero de tontería nada. No pasó nada grave, pero fue gracias, en parte, a una serie de circunstancias', destacó. Circunstancias como que en el momento del vertido estaba lloviendo y que en los últimos días el Oria baja con mucho caudal, lo que favoreció la disolución del ácido clorhídrico, una sustancia muy corrosiva, en las aguas, relató.

El Oria figura como un río 'ligeramente contaminado' en el que habitan especies como las truchas, los barbos y los patos, algo impensable hace unas décadas, cuando el cauce 'solía llevar una capa de espuma blanca de medio metro' y desprendía 'un desagradable olor', rememora el policía. El viernes, tras el escape, aparecieron algunos peces pequeños muertos río abajo, aunque la consejería restó importancia a la repercusión del vertido sobre la fauna piscícola, ya que técnicos de la Dirección de Aguas comprobaron que seguía habiendo peces vivos en el río. Los primeos análisis, además, no detectaron niveles significativos de acidez en el agua. En cualquier caso, la instrucción del caso desvelará qué tipo de falta ha cometido Papeleras del Oria y si tiene que pagar alguna sanción, que podría llegar hasta los 600.000 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002