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Vega de Seoane reivindica con sus últimos trabajos el disfrute de la libertad del acto pictórico

La Galería Dieciséis de San Sebastián recoge una selección de sus óleos y grabados

A Gonzalo Vega de Seoane (Madrid, 1955) no le gusta que le definan como pintor abstracto, pese a que sus cuadros no están inspirados en la realidad. 'Creo que lo figurativo y lo abstracto no son categorías demasiado acertadas'. Él juega con ambas, en lienzos de pincelada enérgica y manchas de color llenas de vida. 'Lo mío es la pintura que ni narra ni reproduce porque tengo más margen, más libertad'. Vega de Seoane expone hasta el 24 de marzo en la Galería Dieciséis, de San Sebastián (Plaza del Buen Pastor, 16) una selección de sus lienzos y grabados más recientes.

El pintor, de ascendencia guipuzcoana, expuso por primera vez en San Sebastián en 2000 y lo hizo también en Galería Dieciséis. Por eso ahora se presenta con obras expresamente concebidas para este espacio expositivo. Sus óleos -de medio y gran formato- y grabados suponen una reivindicación de la libertad pictórica, de la espontaneidad y el disfrute del acto creativo. Parten del expresionismo abstracto, pero tienen claras evocaciones figurativas.

'La palabra libertad es demasiado grande', afirma el pintor. 'En el fondo, lo figurativo y lo abstracto no son categorías que me parezcan demasiado acertadas'. Vega de Seoane no mira la realidad cuando se enfrenta al lienzo en blanco. Pero sus manchas, sus grafismos y sus colores vivos sugieren lo mismo un hombre que una flor. 'Creo que la pintura no tiene que contar historias ni reproducir, pero tienes que tener absoluta libertad para plasmar lo que te pide el cuerpo', apunta.

Estados de ánimo

El pintor, quien se dio a conocer en 1985 en la Muestra de Arte Joven -en el Círculo de Bellas Artes de Madrid- explora formas, colores, densidades y texturas sin límites, siempre fiel a su propio lenguaje e inmune a las modas del momento. 'Realmente pienso que enfrentarte solo tú ante un lienzo en blanco es mucho más difícil que apoyarte en una imagen y fusilarla. La libertad es mucho más complicada', confiesa.

Algunos críticos afirman que Vega de Seoane es un pintor de momentos, de estados de ánimo. Y en cierto modo, así lo siente. 'No es algo consciente, pero para mí pintar es una necesidad. Si no', bromea, 'habría sido un criminal o algo parecido porque tengo que sacar esa energía de alguna forma. Siempre he visto la pintura como algo gozoso y, al final, lo que haces es siempre un espejo de lo que sientes'.

Su pintura no ha cambiado en exceso desde que expuso en San Sebastián en 2000. Quizá los cuadros son más sintéticos, señala. 'No hay un cambio muy radical. Con el tiempo vas depurando el lenguaje, pero es importante mantener siempre el mismo'. Vega de Seoane es crítico con la pintura actual precisamente por eso: 'Ahora el arte que te venden como lo último es, en general, como de usar y tirar. No suelo verle muchas posibilidades de desarrollo. Lo importante es tener un lenguaje que te permita seguir de alguna forma, porque como pongas la fábrica de zapatos, y haces uno y dos y tres, entonces te conviertes en una especie de artesano más que nada'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002