El riñón que salvó la vida de Joaquín Agis pertenecía a un donante 11 años mayor que él. Y él tiene 72. Joaquín, comandante retirado del Ejército, 'lleno de ganas de vivir', pasó 14 meses esclavo de una máquina de diálisis antes de someterse a un trasplante renal en el hospital Doce de Octubre de Madrid. Como él, casi 200 pacientes en la tercera edad se han beneficiado ya de un trasplante renal del programa de mayores de este hospital. Son los abuelos de los trasplantes en España. Ellos aspiran a 'vivir bien hasta que Dios disponga de uno'. Sus órganos aspiran a ser centenarios.
Cerca de siete millones de españoles tienen más de 65 años, y aumentar la edad de los donantes es ya la única salida para salvar el estancamiento que vive el sistema de trasplantes en España desde hace tres años. En 2001, la tasa de donaciones, aunque sigue siendo la más alta del mundo, bajó por primera vez en cinco años. Aunque el descenso es muy leve (de 33,9 hasta 33,7 por millón de habitantes), después de diez años de aumento continuado de las cifras, se ha interpretado como una clara señal de alarma: las donaciones no dan más de sí.
Los profesionales exigen una campaña que reduzca las negativas (23% en 2001)
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En este contexto, 'tal como está la pirámide de población, el programa para aprovechar órganos de mayores es un filón', explica el doctor Amado Andrés, coordinador de trasplantes del hospital Doce de Octubre. Son donaciones de muertes naturales, lejos de la imagen del joven que se mata un viernes por la noche. Debe decirse con la misma frialdad ambigua que desprenden los profesionales cuando hablan de sus clientes. Como cuando el doctor Andrés insiste en que 'las familias tienen que saber que el abuelo puede ser también donante y ayudar a otras personas mayores. Hay un 60% de posibilidades de que estos riñones, una vez trasplantados, duren 10 años más. El otro día trasplantamos un riñón de 69 años a un hombre de 77. Ese paciente ya no se muere por el riñón, se morirá de otra cosa'.
Hasta ahora, de cada donante salían dos trasplantes, uno por riñón. La novedad que ha desarrollado el equipo del doctor Andrés consiste en realizar intervenciones dobles, es decir, poner los dos riñones a una misma persona. De esa forma, aunque hayan comenzado a degenerarse por la edad, son igual de eficaces que uno solo sano y permiten vivir con normalidad. Como los riñones de Mamerto Hernansanz, soriano de 67 años, que ya eran mayores de edad cuando él nació. Los donó un paciente de 85 años.
En las especialidades de pulmón e hígado también se ha conseguido trasplantar en pacientes por encima de los 60 años. Tan sólo en trasplantes cardiacos, por el riesgo de arteriosclerosis, no se contempla utilizar un corazón mayor de 55 años.
El contexto en el que se desarollan estos programas de mayores es de preocupación entre los expertos. 'En algún momento se tenía que frenar la tendencia', explica la doctora Blanca Miranda, directora de la Organización Nacional de Trasplantes. 'Ahora se detectan todos los posibles donantes. La implantación técnica [140 hospitales componen la red] ya no puede crecer más, y la mortalidad es estable. Las dos únicas opciones de crecimiento son ampliar la edad o arañar donantes de entre las negativas'.
Ésa es la otra esperanza que queda para reducir las listas de espera, mientras llegan a largo plazo la clonación, los xenotrasplantes y los órganos artificiales que prometen cada dos por tres los laboratorios como si estuvieran a la vuelta de la esquina. Todavía se puede convencer a las familias que, por motivos religiosos, dudas sobre el proceso o simple desconfianza, se niegan a donar. En 2001 aumentaron las negativas hasta el 23% de los casos. Este repunte de las negativas es la desgracia de las casi 4.700 personas que necesitan un órgano hoy mismo si fuera posible. Cuanto más tiempo se pasa en lista de espera, menos posibilidades hay de vivir tras la operación, si ésta llega. El año pasado, el 8% de los candidatos murió en lista de espera.
La ministra de Sanidad, Celia Villalobos, aprovechó la presentación de las cifras de trasplantes del año pasado para anunciar una campaña de sensibilización que incrementara las donaciones, algo que los profesionales llevan años demandando. 'El dato de las negativas es muy preocupante. Hace diez años que no hay una campaña estatal, cuando tenía que ser como las campañas periódicas de Tráfico. Son temas en los que es esencial que la población esté concienciada', dice Blanca Miranda.
Paco Santana, presidente de la Asociación de Trasplantados Hepáticos, resume el sentimiento de incomprensión e impotencia, de lo inaudito que es para los personajes de esta historia que casi una cuarta parte de los españoles pueda recelar de los trasplantes: 'A la gente que no quiere donar sus óganos sólo puedo decirles una cosa: que nunca les toque cerca'. El sufrimiento de una persona que espera un órgano se extiende y multiplica entre su familia y amigos. 'Cuando me llamaron para darme el hígado, mi familia estaba tan nerviosa que tuve que conducir yo mismo hasta el hospital porque nadie podía llevar el coche'.
Después del trauma, de la espera y de una operación a vida o muerte, el entorno de un trasplantado con éxito se llena de conversos a la ciencia. 'Ya les he dicho a los médicos que lo quiero donar todo, hasta los callos para hacer una sopa', le gusta bromear a Ramón Peribáñez. A sus 69 años, es más joven que los dos riñones octogenarios que le han devuelto la vida a su mujer, Francisca Jarillo (66), con la que pasea en bicicleta cada día por el parque de las Cruces, en Carabanchel.
Un negocio de todos
Todos los medios y profesionales que hacen posibles los trasplantes están en hospitales públicos. 'El sistema sanitaro español es único', afirma la doctora Blanca Miranda, y eso 'da confianza en una distribución equitativa de los recursos', lo que repercute en mantener las cifras de donaciones. Según la ONT, el programa de donaciones, trasplantes y seguimiento de trasplantados supone un gasto al Estado de 25.000 millones de pesetas al año. Es poco. Los mismos cálculos indican que los trasplantes suponen, a su vez, un ahorro de 50.000 millones en tratamientos de diálisis en España. 'La atención con diálisis a un enfermo del riñón cuesta cinco veces más que el tratamiento de un paciente trasplantado. Un millón de pesetas al año frente a cinco millones', detalla Miranda. El presidente de la Federación de Asociaciónes para la Defensa de la Sanidad Pública, Marciano Sánchez, apostilla: 'Un trasplante es rentable para la sanidad. Pero lo que todavía no se conoce, más importante aún, es el precio de una vida'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 2002