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Crítica:JUEGOS

La princesa encantada

El jugador encarnará a un niño que lucha por poner la vida por encima de ancestrales tradiciones religiosas

Sin hacer demasiado ruido ICO se ha colado en las estanterías de las tiendas de videojuegos. Se trata de un título que puede pasar inadvertido, pero no para aquellos amigos de las aventuras que por un motivo u otro lleguen a conocerlo. Un tratamiento excepcional de la luz es sólo uno de los muchos aspectos destacables de este título desarrollado internamente por Sony Computers.

Haciendo un paralelismo con la peculiar forma de buscar la reencarnación del Dalai Lama por todo el mundo, en el juego, ICO es el nombre de un niño elegido cuya peculiaridad es haber nacido con cuernos. Cada generación nace un niño astado cuyo destino es irremisiblemente ser enterrado vivo en una vasija de un tenebroso castillo. Es por el bien del pueblo, dicen los ancianos. Pero con ICO algo falla. Es llevado por encapuchados hasta el lugar donde se consumirá en la más absoluta soledad y es encerrado en la vasija mortuoria. Una vez sus verdugos abandonan el lugar, el suelo cede bajo la tumba del niño y la vasija cae al suelo de la enorme sala donde se rompe y queda liberado. O eso cree. La historia empieza en este punto, con ICO despertando de su inconsciencia en medio del cruel cementerio formado por decenas de vasijas.

'ICO'

Desarrolla: Sony Distribuye: Sony Plataforma: PlayStation 2 Género: Aventura Recomendado: +13 Precio: 60 euros Internet: www.icothegame.com

El usuario toma el control de la acción observando al personaje principal desde un punto de cámara flotante que el juego sitúa automáticamente buscando siempre el mejor ángulo. La fría sala donde ICO da comienzo transmite la soledad que los programadores y guionistas han perseguido. El sonido posee un corto eco que hace patente el vacío espacial existente y denota la inmensidad de las estancias. Mientras con el joystick analógico izquierdo se obliga a ICO a andar o correr en la dirección que se le indique, con el derecho se consigue desplazar la cámara para estudiar las estancias para el deleite o para encontrar esa pista que falta para seguir avanzando.

Los habituales de los videojuegos detectarán en ICO una fuerte inspiración en Prince of Persia (Broderbund, 1989) o en el más reciente Tomb Raider (Core Design, 1997). En concreto, las pinceladas de estos juegos se notan en los movimientos del protagonista, que le convierten en una especie de acróbata capaz de trepar por muros, hacer equilibrios en una barandilla, colgarse de unas cadenas y un sinfín de movimientos que puede incluso enlazar entre sí. Estas virtudes se unen a la capacidad de desplazar objetos empujándolos o cogiéndolos y el uso de armas como palos y espadas.

Poco después de iniciar sus andaduras por el castillo, el usuario encontrará a una princesa encantada. Está encerrada en una jaula colgada desde lo más alto de una torre y hay que subir el equivalente a 15 pisos para liberarla. Desde ese momento la triste princesa se convertirá en compañera de viaje y ayudante. Un botón sirve de reclamo, y hace distintas funciones dependiendo de la distancia. Se puede llamarla desde lejos, animarla a que siga al protagonista o cogerla por la mano y llevarla de esta forma tan romántica. En ocasiones, su ayuda es imprescindible. A cambio, ICO la protege de las sombras que pretenden llevársela de nuevo a su prisión.

Tal como se apunta al principio del artículo, el broche de oro lo pone la excepcional calidad de las luces y su tratamiento dentro del juego. Los gráficos y las texturas son muy correctos. Pero la luz solar, las sombras dinámicas, el brillo que desprende todo en situaciones de saturación luminosa, la contraluz producida por una antorcha, están tratadas con el mismo mimo que en su día demostró el videojuego español Blade: The Edge of Darkness. Unido al trabajo sobre las partículas como el polvo que se levanta al correr por los pasillos y otros efectos como el difuminado de los distintos planos, genera un aspecto visual que parece pertenecer a una película de animación de última generación, con la diferencia de que ICO está realizado en tiempo real.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002