Cristian Riquelme, de 18 años, uno de los once hermanos del famoso Román, media punta del Boca, y mediocampista a su vez de las divisiones menores del Platense, un club de Segunda, fue víctima el martes por la noche de uno de los habituales secuestros express con propósitos de extorsión que se producen cada día en el gran Buenos Aires. Ayer por la tarde el presidente del Platense, Raúl Ferrari, dijo que Cristian ya había sido 'liberado', pero la noticia no fue confirmada por la familia ni por directivos del Boca.
El padre de los Riquelme había negado inclusive el secuestro hasta que el presidente del Boca, Mauricio Macri, admitió ayer la desaparición de Cristian: 'Me enteré anoche cuando Román nos explicó qué pasaba y nos pidió permiso para abandonar la concentración. Es un tema que tratamos de mantener con el máximo secreto, porque hay mucha gente involucrada. Es necesario ser prudente, más en casos como éste, hay una vida en juego. La familia Riquelme debe estar tranquila para encontrar la mejor solución'.
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El entrenador del Boca, Washington Tabárez, reemplazó a Román del equipo titular que anoche debía enfrentar al Huracán por el Torneo Clausura de la Liga. En principio se dijo que Riquelme había sido autorizado a retirarse de la concentración porque padecía de 'anginas'. El jugador, que al parecer recibió en su teléfono móvil una llamada de los secuestradores, siguió los consejos del presidente del Boca. La intervención de Macri resultó decisiva por la propia experiencia que le tocó atravesar diez años antes. El ingeniero, candidato ahora a presidente de la Nación o a Jefe de Gobierno de Buenos Aires, heredero del poderoso grupo económico que fundó su padre, fue secuestrado a comienzos de los años noventa. La familia Macri pagó el rescate pero al mismo tiempo la investigación de los agentes de inteligencia logró identificar y detener a una banda dedicada a los secuestros que estaba integrada por policías en activo.
Tal vez fue Macri o la policía la que recomendó callar y negar. Pero ayer se sabía ya que Cristian había ido a visitar a un amigo cercano en el barrio de Don Torcuato, al norte del gran Buenos Aires, donde conviven las populosas villas miserias con los barrios cerrados, cercados por alambres de púas y protegidos por fuerzas de seguridad privadas. Seguramente la camioneta 4x4 llamó la atención. El coche o la camioneta de marca es el interruptor que enciende y activa a las bandas. A este tipo de secuestros se les conoce como express porque se suponen 'instantáneos y seguros'. No van detrás de objetivos premeditados. Los integrantes de cada grupo , no más de tres o cuatro, deciden en el momento cuál será el objetivo de ese día. Si pueden, se llevan a la víctima a su propia casa o al piso para robarle todo lo que tienen allí, mientras se hacen traer el dinero por algún familiar o amigo. Es posible también que se aprovechen de sus tarjetas de crédito para saquear los cajeros de los bancos o, como en el caso de Cristian, le retienen en una cueva de la Villa hasta que cierran trato sobre una suma de dinero. Las negociaciones con la familia son rápidas y están dispuestos a rebajar a la cantidad que se pueda reunir de inmediato y en efectivo. Por Cristian, tratándose de que era hermano de Román, se estimaba un pedido de 300.000 dólares a cambio de su vida.
Pero, normalmente, se paga mucho menos y en pesos devaluados. Las bandas no quieren correr ningún riesgo y menos con personajes famosos que atraen la atención de la prensa y ejercen presión sobre la policía. Aunque, según la policía, la fama de la víctima a veces contribuye a complicar más las cosas. Los secuestradores están dispuestos a matar si se sienten acosados. Y matan. El pasado domingo se produjeron 18 homicidios en ocasión de robos, intentos de secuestros y asaltos en el gran Buenos Aires, la tierra de nadie.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002