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Gómez afirma que no pretende escandalizar a nadie con su 'Mesías'

El director del teatro de La Abadía responde al obispo de Salamanca

El director del teatro de La Abadía, José Luis Gómez, contestó ayer al obispo de Salamanca, Braulio Rodríguez Plaza, afirmando que nunca ha pretendido 'escandalizar a nadie' con su montaje de Mesías, de Steven Berkoff. El obispo calificó la obra de 'desmesura injusta', aunque admitió que no la ha visto. Mesías se representó la semana pasada dentro de los actos de la capitalidad cultural de Salamanca.

En su carta de contestación a la que escribió el obispo, José Luis Gómez afirma: 'Nunca he dicho que me extrañara la falta de escándalo provocado por mi puesta en escena de Mesías, de Steven Berkoff, sino 'que me extrañaba que se me reprochara el no haber provocado dicho escándalo'. Me extrañaba, y extraña, tal reproche, porque nunca fue mi intención escandalizar a nadie con la reflexión sobre la figura humana de Jesús de Nazaret -expresada en términos de poética teatralidad- de uno de los más grandes dramaturgos contemporáneos; y porque considero una prueba de altísima madurez cívica y social el que, tras haber tenido en Madrid 12.000 espectadores, tan sólo una carta de protesta haya llegado a La Abadía. De hecho, me he sentido orgulloso de que la sociedad a la que pertenezco asumiera mi trabajo con tal naturalidad y de que la polémica se haya circunscrito al ámbito exclusivamente artístico. Con mi, nuestro, trabajo pretendimos expresar nuestra crítica reflexión y nuestro sentimiento religioso, al tiempo que manifestar nuestra admiración y adhesión a la esencia del mensaje crístico'.

Gómez recuerda cómo las religiones monoteístas han generado 'fundamentalismos históricamente funestos y sangrientos', y afirma que 'negar que el cristianismo fue en determinados momentos y actuaciones un fundamentalismo, sería negar la realidad'. 'El Mesías de Berkoff es disidente de la versión católica oficial sobre Jesús, pero es solidaria con su mensaje; y nuestra puesta en escena se ha limitado a servir la obra con el mayor nivel ideológico, teatral y estético posible, procurando siempre evitar el herir gratuitamente la sensibilidad de los conciudadanos creyentes', concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002