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ISRAEL OCUPA LOS TERRITORIOS PALESTINOS

El apoyo a Sharon hace tambalear la estrategia antiterrorista de la Casa Blanca

George W. Bush creía haber encontrado, tras el 11 de septiembre, una llave maestra para su política internacional. Era un planteamiento moral, maniqueo, articulado sobre la lucha entre 'el bien y el mal'. La idea fue fácilmente aplicable en la primera fase de la campaña antiterrorista: 'Cada país tiene que tomar una decisión', proclamó Bush. 'O está con nosotros o está con los terroristas'. La filosofía del 'blanco o negro' funcionó hasta que el conflicto palestino-israelí, con toda su gama de grises, se adueñó de la actualidad. La Casa Blanca quedó encerrada en su propia contradicción. La diplomacia estadounidense es, por ahora, incapaz de abordar una crisis que no admite simplificaciones.

El vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, son partidarios de seguir aplicando la lógica binaria bien-mal, con Yasir Arafat en la esquina del mal y Ariel Sharon en la esquina del bien. Pero eso implica riesgos gravísimos. 'La aplicación concreta de la doctrina bien-mal nos arrojaría en brazos de Sharon, arruinaría nuestra posición ante el mundo árabe y acabaría con la coalición antiterrorista', comentó a The Washington Post Leon Fuerth, asesor diplomático del ex vicepresidente Al Gore. Por eso, para evitar el colapso de una estrategia antiterrorista que sigue siendo la máxima prioridad, Estados Unidos votó a favor de una resolución de la ONU que, con la exigencia de una retirada israelí, contradecía el mensaje básico de Bush.

Washington era consciente de que Oriente Próximo era el grano de arena capaz de destruir todo su engranaje antiterrorista. De ahí que tratara de ignorar el problema o minimizarlo, incluso cuando sus aliados europeos le hicieron notar que sólo una mejora en las relaciones entre israelíes y palestinos podía hacer factible una operación contra Sadam Husein o una cooperación general de los gobiernos musulmanes en el desmantelamiento de las redes terroristas. Bush sólo ha sido capaz de emitir señales débiles y contradictorias. 'La verdad es que no hay ideas', afirma Deborah Avant, profesora de conflictos internacionales en la Universidad George Washington. La Casa Blanca ha encallado en Oriente Próximo y hay riesgo de naufragio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002