Hubo final feliz. Tras 22 horas de fuga por las autopistas y carreteras del norte de Alemania, Polonia y Ucrania, las autoridades de este país lograron ayer la captura de tres ladrones que, en la víspera, irrumpieron en una pequeña caja de ahorros en la zona rural de Baja Sajonia (Alemania). En esa entidad, tras hacerse con un botín de cerca de 300.000 euros, tomaron como rehenes a dos empleadas.
'Todo ha terminado. Los atracadores se han rendido y la mujer que permanecía en su poder ha sido liberada. Ella se encuentra en un estado de choque. Ha pasado las últimas 24 horas con una pistola en la cabeza', dijo a Reuters el jefe de la policía de Ucrania, general Anatoly Frantsuz, que dirigió las negociaciones para obtener la rendición incondicional.
Pese a los cerca de 1.600 kilómetros recorridos por el Seat Ibiza plateado de los secuestradores, a veces con velocidades superiores a 150 kilómetros por hora, las autoridades de los tres países afectados no perdieron de vista al vehículo ni tomaron iniciativas que pusieran en peligro a las rehenes.
La fuga comenzó el martes por la tarde, cuando los tres encapuchados -de nacionalidad alemana y emigrados desde Rusia- entraron en una caja de ahorros de la localidad de Wrestedt, al norte de Alemania. La llegada de los agentes, que habían sido alertados por la alarma del banco y por una transeúnte, puso nerviosos a los ladrones, que tomaron rehenes. La policía accedió a su demanda y les franqueó la salida. Los enmascarados se llevaron por la fuerza a dos empleadas, de 39 y 25 años, y cuyos nombres no han sido facilitados.
Lo que siguió fue una persecución de ribetes cinematográficos, pero con muy pocas escenas captadas por las cámaras de televisión. En un confuso zigzag, primero por Alemania y después por Polonia -'carecían de un plan', afirmó un jefe policial alemán-, y siempre a una velocidad vertiginosa, los secuestradores intentaron infructuosamente romper el asedio, que había movilizado a centenares de agentes, distintos comandos especiales y varios helicópteros. La policía trató de crear atascos artificiales atravesando camiones para frenar la huida, pero no encontraron a tiempo los vehículos suficientes, según reconoció Hans Reime, jefe policial del distrito norte de Lueneburg. También se llegó a bloquear una salida de la autopista hacia Berlín y evitar que se perdieran por las calles de la ciudad. La policía también trató, sin lograrlo, de establecer contacto con los asaltantes a través del teléfono móvil de una de las mujeres.
El objetivo de mantener alejados del Seat Ibiza a los medios de comunicación se cumplió. Tampoco hubo intento alguno de asalto. Ambas decisiones son parte de la lección aprendida en un caso similar en 1988, cuando, en medio de un extraordinario despliegue mediático, dos rehenes y un policía perdieron la vida en el tiroteo.
En un ejemplo de lo bien que puede funcionar la cooperación en casos de emergencia, los agentes alemanes siguieron participando durante unas horas en la persecución en el interior de Polonia, en cuyo territorio se habían adentrado los secuestradores cerca de la medianoche a través del paso fronterizo de Francfort-on-the Order. Allí, hacia las nueve de la mañana de ayer, durante una parada para repostar gasolina, una de las rehenes, que había sido obligada a coger la manguera, se fugó.
Horas después, los secuestradores cruzaron la frontera con Ucrania. Siguieron avanzando, siempre perseguidos por las fuerzas de seguridad, hasta la ciudad de Rovno, a 300 kilómetros al oeste de Kiev. Tras cuatro horas de negociación, los ucranios les convencieron para que entraran en un café. Agotados, accedieron a liberar sin daño a la segunda rehén y a devolver el dinero. Después fueron detenidos sin resistencia. Eran las cuatro de la tarde. Una enloquecida persecución de 22 horas por tres países había llegado a su final.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002