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Editorial:

Alternativa educativa

En su alternativa al anteproyecto de Ley de Calidad de la Educación del Gobierno, los socialistas parten de la constatación de que existen problemas graves en las enseñanzas primaria y secundaria y que es preciso arbitrar cambios para resolverlos. Aunque algunas de las medidas propuestas son similares a otras adelantadas por el Gobierno, el tono general y el conjunto de las soluciones defendidas por el PSOE es muy distinto. Hay una aproximación menos defensiva ante los problemas de la escuela, que se afrontan con un espíritu más constructivo y ambicioso.

Al abordar, por ejemplo, una de las cuestiones más controvertidas de la Ley de Calidad, como son los itinerarios en la ESO, se pone el énfasis en las medidas para que los alumnos con dificultades puedan seguir la marcha del curso sin pasar por la segregación en itinerarios diferentes: clases de refuerzo en las materias básicas, desdoblamiento de grupos en determinados casos, modificaciones en la organización de las enseñanzas y de los profesores o la creación de grupos especializados de acogida que analicen las necesidades de los que proceden de familias de inmigrantes.

Tres puntos, en la alternativa socialista, resultan especialmente novedosos. El primero es la apelación continua al profesorado como pieza esencial en el proceso formativo. Mejorar su estatus y asegurar su formación y reciclaje es imprescindible para asegurar una mayor calidad de la escuela. El segundo aspecto es la importancia dada a la participación de las familias en la enseñanza, y en particular en los casos de alumnos problemáticos. Las medidas concretas propuestas pueden ser de difícil aplicación, pero sugerir soluciones es una contribución valiosa al debate. Por último, a nadie se escapa que las transformaciones propuestas en esta alternativa o en cualquier otra imaginable cuestan dinero. No es posible mejorar la enseñanza sin hacer un esfuerzo presupuestario, y el PSOE propone romper la tendencia a la baja en el porcentaje del PIB dedicado a educación en los últimos años para llegar al promedio europeo. Cabe esperar que estas ideas contribuyan a enriquecer el indispensable debate público y a mejorar la reforma educativa en curso. Pues pocas cosas son tan importantes para el futuro de nuestro país como la educación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002