La escritora y periodista Pilar Salamanca (Valladolid, 1948) presenta mañana en San Sebastián, acompañada por Fernando Savater, A cielo abierto, un libro galardonado en 2000 con el Premio de Narrativa Ciutat de València en el que relata la historia de una joven palestina superviviente de la masacre perpetrada por las tropas hebreas en la aldea de Deir Yassin en 1948, antes de declarar el Estado de Israel.
Pregunta. ¿Cómo se ha documentado?
Respuesta. He leído libros, he hablado con gente y me he valido de mi experiencia personal, pues llevo 30 años casada con un médico palestino que vino a estudiar a España y se quedó. Todo lo que se cuenta ha sucedido. Son testimonios reales trabajados de manera novelística.
P. ¿Fue su situación personal la que le llevó a acercarse a la historia palestina?
R. He vivido con esta historia muchísimos años. Hace cinco, cuando pensé en escribirla, no sentía ninguna obligación, era el puro placer de contar algo. A medida que fui escribiendo, me di cuenta de que todo estaba ya dicho y que el único interés de que yo lo contara era transmitir de la forma más personal posible unas experiencias que yo había tenido ocasión de conocer y que otra gente no conoce. Pero no tenía afán pedagógico, ni moralizador ni propagandístico.
P. Pero lo cuenta desde la parte palestina.
R. Creo que no hay más partes. Los hechos están ahí y, ni siquiera perdonándolos, se borran. Así que esta novela no tiene nada de objetiva, ni quiere serlo ni puede serlo.
P. ¿Contempla el final del conflicto?
R. Esto se tiene que arreglar y no hay nada más que una forma, que es la que se tenía que haber puesto en marcha en 1967, cuando las Naciones Unidas proclamaron la retirada de las fuerzas israelíes de ocupación. Tengo esperanza, porque creo que ahora, o es eso, o no es nada. Y como nada no puede ser, será cuestión de resistir.
P. ¿Las grandes potencias podrían haber evitado que se llegara a este punto?
R. Las grandes potencias, la santa ONU, son unas meretrices. Lo que está ocurriendo delante de todos estos bien pensantes, que tanto se preocuparon cuando Irak puso un pie fuera de sus fronteras, es... No es de extrañar que ese matón de tres al cuarto [en referencia al primer ministro israelí, Ariel Sharon] se sienta autorizado a hacer lo que hace.
P. Le podrían contestar que los palestinos también ejercen la violencia.
R. Y no lo defiendo en absoluto. Pero las cosas no son iguales, no es igual el horror de las víctimas que el de los atacantes. Los israelíes tienen doble responsabilidad por haber convertido al pueblo palestino, que es esencialmente un pueblo pacífico, en bombas ambulantes. Le han engañado y yo les hago responsables de haberlo llevado a la desesperación absoluta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002