Se usa esta palabra ahora para definir este Far West en que se ha convertido nuestro (o de ellos) País Vasco. La zona con más armas y más personas armadas de Europa, donde pueden pasar sucesos como el del martes. Los periódicos, como parte de la opinión pública, tenemos la obsesión de buscar culpables para cada noticia luctuosa: no hay desastre sin culpa, como la civilización cristiano-judea nos enseña desde niños. En este caso, para mí la duda es escasa: la culpa está enteramente en manos y mentes de ETA, que han deducido que su tierra debe ser independiente de la ocupación de España (como si España existiera), y por una extraña subordinación de ideas tratan de resolverlo matando inocentes, porque para ellos no hay inocentes.
Esta aberración propia de filósofos ignorantes ha desconcertado y sumido en el error a los sucesivos Gobiernos, de derechas -todos- o de izquierdas -como si la izquierda existiese dentro del poder-, que con la mejor voluntad del mundo -excluyendo de esa voluntad penas de muerte y asesinatos parapoliciales o policiales- han ido enrevesando el asunto hasta convertirlo en insoluble. Lejos de mí la rabia periodística de incluirlos entre los culpables, ni a los intelectuales histerizados por el lógico miedo: ETA es culpable, los políticos son ineptos, y el terrorismo va ganando cada día terreno: ya toda España está impregnada de vasquismo, más conocedora de los nombres de los políticos de Vitoria que de los de Madrid y casi de los de sus autonomías; ya toda ley que se estudia está en función del fenómeno vasco. Entre los dramas que hay en el País Vasco que ha impregnado a toda España está el de los guardaespaldas, y repito que estoy lejos de considerar culpable al que ha creado este maremagno que es la privatización de la seguridad. Ha llegado hasta el disparate de pretender que las guardias de los cuarteles las hagan agentes de compañías privadas, y algunos ministerios los tienen. Figuras extrañas, que el ciudadano no sabe si debe obedecer o no, si son o no son autoridad. Y formas extrañas del boato: hay quien contrata guardaespaldas para parecer más importante. No sé cómo exorcizaremos el diablo vivo del terrorismo vasco. Pero es cada día un poco más, o un mucho más, preocupante que vivamos más preocupados por esa barbaridad sin sentido ninguno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002