Como profesionales bibliotecarias hemos seguido con interés el debate generado en torno a la biblioteca del Born. Hasta el momento, el estamento bibliotecario es quien menos se ha manifestado, puesto que son arqueólogos y arquitectos quienes deben emitir su dictamen primero. Podemos apuntar que algunas de las propuestas aparecidas, como eliminar servicios que pueden parecer superfluos o rebajar los metros cuadrados sin conocer el modelo de biblioteca que se propone, resultan un tanto irresponsables.
El Colegio Oficial de Bibliotecarios-Documentalistas de Cataluña ha dado a conocer ya su opinión. Cuando los técnicos citados emitan su veredicto será el momento oportuno para explicar cómo debe ser nuestra biblioteca y, en consecuencia, dónde debe ubicarse o qué capacidad debe tener. Favoreciendo este debate, no haríamos más que seguir la polémica encabezada por Eugeni d'Ors y Luis de Zulueta y recogida en la prensa del momento (1910): ambos pedían libros para Barcelona. Felizmente, el debaté generó la Biblioteca de Catalunya y la red de bibliotecas populares de la Mancomunidad. Ojalá que, siguiendo este ejemplo, consiguiéramos crear un estado de opinión y, todavía mejor, una gran biblioteca pública como merece Barcelona.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de abril de 2002