Veo con estupefacción el programa Al descubierto, de Antena 3, sobre transacciones inmobiliarias y sus chanchullos, y la pasividad de la justicia ante estos hechos, lo que bajo mi punto de vista es lo más grave. Paralelamente, en un edificio de Collserola, Can Masdeu -que estaba abandonado desde hace 50 años, y sólo merodeaban por élr drogadictos y parejas buscando intimidad-, unos okupas se aferran a este edificio ante un despliegue policial inaudito, con el único fin de sitiarlos como en la época medieval.
He hablado con vecinos de la zona y la respuesta es unánime: estos jóvenes hicieron habitable el edificio dentro de sus posibilidades, los campos abandonados los han cultivado y, lo más importante, los vecinos nunca han tenido ningún problema, al contrario: han podido volver a pasear por la zona. Ante estas dos actualidades paralelas, me pregunto: ¿deben prevalecer las especulaciones inmobiliarias por encima del derecho a un techo?, ¿no creen que tiene mucho que ver la imposibilidad de la gente joven de acceder a la vivienda con el movimiento okupa?, ¿se mide judicialmente con la misma vara la especulación de la vivienda con la ocupación de casas abandonadas?, la represión policial del desalojo ¿no va a crear odio entre los jóvenes?- Diego García Domínguez.Viladecavalls.
Los jóvenes de nuestra ciudad usaban el Palomar y Can Masdeu con propósitos culturales, ocio, reuniones de grupos, asociaciones y colectivos, talleres o cursos. Los propósitos pueden ser más o menos nobles, más o menos fructíferos o útiles para el conjunto de la sociedad, pero esto no es, ni mucho menos, lo más importante del asunto. Hasta en los pueblos más recónditos saben de la necesidad de que los jóvenes aprendan a organizarse de forma independiente de los mayores del lugar.
Es necesario y vital, para una sociedad que busca conservar su dinamismo y vitalidad, que sus jóvenes se puedan organizar de forma independiente, ya que sólo así pueden desarrollar su creatividad y realizar los experimentos en relaciones humanas que, por muchos fracasos y dolores de cabeza que comporten, son los únicos que acabarán enriqueciendo la futura sociedad. Nunca saldrá nada de grandes centros de ocio consumista. Espero que la gente empiece a ser consciente de la importancia de estos espacios liberados para jóvenes.- Mario Huerta. Barcelona.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002