Tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Ernesto Sábato a la que se refiere José Luis Ferris en su artículo del 2 de mayo. La voz de Sábato, aunque gastada, parecía cobrar vida a medida que los minutos pasaban y el silencio de los que escuchábamos se hacía más profundo. La conferencia estuvo marcada por la denuncia, pero sobre todo por la voluntad de no resignarse, de no cejar en el empeño de reconstruir el mundo. A pesar de las nueve 'razones para el pesimismo' que recoge Ferris, la imagen del conferenciante fue la de un hombre que no se doblega, la imagen de un eterno luchador. Entre los aplausos, se escuchó un 'gracias, maestro', al que hoy me sumo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002