, Valencia
En muchos sitios del mundo, hablar de tecno es, más allá de la música, hablar de dinero fresco. Ibiza, donde los clubes itinerantes y las discotecas locales se han unido en sesiones que son un colosal aspirador de billetes, es el ejemplo más obvio. Pero hay muchos más. Las noches de Praga, Nueva York, Los Ángeles, Miami, París, Moscú, Oslo, Ciudad del Cabo, Londres, Viena o Barcelona no serían nada si un creciente número de promotoras independientes no hubieran apostado por un nuevo concepto de programación discotequera.
Un concepto ligado a la música electrónica de baile menos obvia -ese batiburrillo conocido como tecno-; un concepto unido también a nuevas generaciones de noctámbulos; y unido, finalmente, al hecho de considerar al dueño de la sala como aquello que es: un empresario que puede entender de dinero, pero no necesariamente -en realidad, casi nunca- del tipo de negocio que la juventud está dispuesta a hacer fructificar. Y que, por tanto, si quiere catar el negocio en este nuevo siglo, ha de estar dispuesto a dejar la organización del local a otros que sí entienden de esto.
Estos otros se organizan habitualmente en colectivos -cuando son aficionados- o promotoras -cuando quieren dejar de serlo- que apuestan por darle una personalidad fresca, nueva y más o menos modernita a salas que no lo eran. En lugares como Barcelona, esto se ha llevado al paroxismo, de tal manera que cada dos semanas se abre un nuevo club. Esta es la moda, y ésta es la hostelería nocturna más nueva, aunque el tecno, y la gente que vive de él, se enfrentan, entre otros, a un doble obstáculo. Primero, el de demostrar a los puristas que no se corrompe ningún dogma cultural con el hecho de ganar dinero con una música supuestamente unida a la vanguardia. Segundo, demostrar a los profanos que el sonido electrónico no es sinónimo del consumo de éxtasis en medio de la pista. El que mucha gente compre esta música para escucharla en su casa ayuda a entenderlo.
En Valencia, el fenómeno ha sido lento, pero ascendente. Tanto es así que ahora la ciudad 'comienza a ser referente en toda España de un tipo de club electrónico que contempla el negocio, pero que incide sobre todo en la difusión de la música menos sujeta a las modas estelares', opina Antonio José Albertós, uno de los disc-jockey de Le Club, el club -valga la redundancia- que ha sido pionero en programar tecno de calidad dentro de un espacio fijo (en este caso, la sala La Font, antes una discoteca de rumbas y baladas).
Le Club, potenciado por la promotora UHF ofrece actuaciones de pinchadiscos a la última en una aforo más o menos reducido. El público es bastante fiel, y dispuesto a asumir con confianza lo que le echen desde los altavoces, por raro que le suene. 'Quizás la ventaja de haber empezado tarde en esto', opina Albertós, 'sea que el público no tenga los prejuicios de otras ciudades más veteranas'.
Le Club fue inicialmente un experimento, pero ahora se ha consolidado como oferta estable. Otras promotoras han seguido su ejemplo llegando a acuerdos comerciales con propietarios de salas que necesitaban incentivos de liquidez, modernidad, vidilla, o de todo un poco. Love Buzz, en Puerto de Sagunto, es una reciente sesión electrónica que pretende reactivar la noche de la zona, y que dispone la promotora Kunoichi. El restaurante erótico Hot, de Valencia, especializado en despedidas de soltero/a, los viernes se transforma en Hotline, un club de sonidos muy negros, impulsado por dos promotoras, Beat y Groovebox. El colectivo Educative Sounds propone eventualmente sus propias sesiones dentro del propio Le Club. Emergency Only es, a su vez, el nombre de unas sesiones que toman cuerpo en el local que fue conocido como Long Track. Salas vetustas como Looping o Bounty (con la decoración años 70 aún intacta) dan cabida también a fiestas y clubes realizadas por promotoras como Movement & Sound.
No obstante, el hecho que demuestra que Valencia está dentro de los circuitos de profesionalización del sector, es que prácticamente cada club se haya especializado en un tipo de público, y el hecho de que dos clubes ingleses hayan desembarcado en la ciudad en discotecas de gran aforo.
El club Vibe se desarrolla en la sala Jam, y ha plasmado sesiones de disc jockeys estrella como el norteamericano George Morel. Y el club Ministry of Sound, el gran negocio entre los negocios del tecno, plantea sesiones en la discoteca The Face, de Pinedo. Con todo, una nueva puerta hostelera se ha abierto. Y por ahora, parece que no para no cerrarse.
La hora de los DJ
Los clubes valencianos todavía se desarrollan mayoritariamente en salas pequeñas. Las entradas aún no superan los 12 euros, porque aquí no se ha asumido que los grandes disc-jockeys hay que pagarlos. Por tanto, Valencia queda tradicionalmente fuera del circuito de las estrellas internacionales del tecno. Sólo Ministry of Sound ha traido regularmente nombres muy famosos. El resto, intentan centrarse más en nombres menos dorados, pero a veces más espléndidos.Porque que un disc-jockey estrella cobre veinte mil euros en una noche puede sólo significar que es capaz de dar caña pa la peña a una ingente masa. Y una buena sesión se supone que es mucho más. En Valencia, el panorama de profesionales autóctonos es menos raquítico que en otros tiempos. Algunos compaginan su profesión vocacional con otras no antitéticas, como el diseño gráfico (Dioni) o la vinculación empresarial (Chino, al frente del bar Xino-Xano, o bien Cristian y Pascal, relacionados con tiendas discográficas). Otros han destacado después de muchas peripecias. El más reconocido ahora es Nacho Marco, que visto sus propias producciones discográficas programadas por los grandes nombres de medio mundo. Marco entiende su oficio como 'un medio de transmitir arte'. Su relación con el arte le viene de casa, puesto que está emparentado con el escritor Max Aub. 'Es un buen momento para la escena valenciana, pero pienso que lo mejor esta por venir', dice. Eso mejoraría las tarifas de los disc-jockeys, que aún pueden seguir cobrando 90 euros por noche, aunque hay ya quien llega a más de 400. Que él y otros tres profesionales vinculados a Valencia -Gabb, Paco Osuna y Fran Campos- actúen este año en el festival Sónar de Barcelona es sin duda un avance.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002