Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS | NACIONAL

Parón a las 'primarias'

EL COMITÉ FEDERAL DEL PSOE aprobó hace diez días el reglamento de las llamadas elecciones primarias, que facultarán a sus militantes para designar candidatos a las presidencias autonómicas y las alcaldías de ciudades con más de 50.000 habitantes en los comicios de 2003. Creado en junio de 1997 por el 34º Congreso socialista, ese mecanismo interno se propone escoger a la figura idónea para competir en las urnas, sobre todo cuando la 'personalidad del primer candidato' sea 'un elemento esencial en el debate de la campaña'. Respetando la vieja costumbre política de rendir homenaje a los ideales ante de abandonarlos, la nueva ejecutiva socialista elogia de labios hacia fuera el sistema de las elecciones internas mientras prepara su entierro.

La Ejecutiva socialista enfría las elecciones dentro del PSOE para designar a los candidatos a las presidencias autonómicas y a las alcaldías de las ciudades con más de 50.000 habitantes

El endurecimiento de los requisitos exigidos a los aspirantes por libre, la designación automática como candidatos de los alcaldes o presidentes en el poder y el intervencionismo de la Ejecutiva Federal en las propuestas han diezmado el listado de las primarias factibles. Según fuentes socialistas, sólo 15 de los 130 ayuntamientos con más de 50.000 habitantes y ninguna otra autonomía (Valencia acaba de realizarlas) celebrarán elecciones internas. La designación por la Ejecutiva Federal de la malagueña Trinidad Jiménez -antigua funcionaria del PSOE y actual responsable de su política internacional- como candidata a la alcaldía madrileña cortó cualquier posibilidad de que algún peso pesado socialista como Javier Solana o Gregorio Peces-Barba pudiese ser convencido para librar esa difícil batalla electoral por la capital.

La derrota de 1996 obligó al PSOE a renovar su oferta de candidatos ante los electores, obligados a contemplar las mismas caras en los carteles desde hace años; la idea de que los militantes se hallan en mejores condiciones de adivinar las preferencias de los votantes que los dirigentes, interesados en mantenerse en las listas, fue la clave del mecanismo conocido popularmente como primarias. Pese al rótulo común, las elecciones internas del PSOE difieren de las primarias americanas en aspectos tan decisivos como la participación exclusiva de los militantes, la vigilancia de los órganos del partido, la neutralización de los debates en nombre de la unidad ideológica y la limitación e igualación de los recursos a disposición de los competidores. El control por el aparato de esas primarias mixtas permite vaciarlas de contenido con un simple apretón de tuercas reglamentario, tal y como ha hecho la nueva Ejecutiva, que no se propone renovar al PSOE desde abajo, a través de elecciones internas, sino desde arriba, mediante sus decisiones

Los papeles se han intercambiado: si las primarias de 1998 y 1999 fueron utilizadas para luchar contra la autoperpetuación de la vieja guardia, el mismo mecanismo es empleado ahora por algunos veteranos desplazados del poder para recuperarlo. Si el desafío de Císcar en Valencia ya fue una hazaña, la decisión de Leguina -presidente de la Comunidad de Madrid durante 12 años- de presentarse por segunda vez a las primarias para la alcaldía de Madrid (en 1999 fue derrotado por Fernando Morán) roza el más difícil todavía. El pacto de conveniencia sobre Madrid firmado por las ejecutivas federal y regional reserva la presidencia y la alcaldía -con el beneplácito del guerrismo residual- a dos aspirantes sin apenas visibilidad social y con una ejecutoria meritocrática circunscrita a su historial partidista. Ahora bien, el regalo de una candidatura electoral concedida desde el poder no siempre es un premio reservado a los beneficiarios de disciplinadas carreras políticas realizadas dentro del aparato. Así, la ejecutiva gallega ha echado mano de una conocida figura pública para la alcaldía de Vigo: Ventura Pérez Mariño defendió los derechos humanos como abogado durante el franquismo y dimitió como diputado del PSOE en 1995 por sus desacuerdos con el Gobierno en torno a la lucha contra la corrupción. Pero nunca llueve a gusto de todos: si a Leguina no le gusta la candidatura de Trinidad Jiménez por su escasa relevancia pública y su endogamia partidista, otro famoso dirigente madrileño pone a caer de un burro a Ventura Pérez Mariño por independiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002

Más información

  • El PSOE, ante las elecciones locales de 2003