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Entrevista:RICHARD TOMLINSON | ENTREVISTA

'El objetivo del MI6 en España es la relación entre el IRA y ETA'

Richard Tomlinson, 38 años, despedido en 1995 del MI6 (espionaje británico), respira por fin. La publicación de 'La grave transgresión', editada en español por Península, pone en evidencia a su antigua 'empresa' y frena un acoso que incluye 11 detenciones, la expulsión de siete países y unas 'vacaciones' en una prisión de alta seguridad

Más que un antiguo espía, Richard Tom-linson, el ex agente (entre 1991 y 1995) que lleva años poniendo en aprietos al MI6 británico, parece un bronceado playboy, pese a presentarse el pasado miércoles en bicicleta y pantalón corto a una cita cerca de Cannes, en la Costa Azul francesa. En esta zona, que registra la mayor concentración de millonarios por kilómetro cuadrado de todo el planeta, Tomlinson, que se ha echado una novia alemana, gana un buen dinero prestando servicios especiales a algunos de estos ricachones y se ha comprado de segunda mano un yate de nueve metros de eslora al que ha bautizado como Aotearoa, el nombre en maorí de su Nueva Zelanda natal. Por primera vez desde su expulsión del MI6 ve la luz al final del túnel y se atreve a soñar con llevar una vida normal, sin sentir en su nuca el opresivo aliento de los servicios secretos británicos.

'El problema consistía en que el MI6 conservaba aún esa mentalidad de la guerra fría que daba la excusa perfecta para mantener el absoluto secreto'

'En 4 de cada 10 misiones, los agentes del MI6 utilizaban la cobertura de periodistas. Yo mismo lo hice cinco o seis veces, y tenía un carné falso'

'Supongo que después de la publicación de mi libro se habrá cancelado la operación ultrasecreta de los servicios británicos para espiar al Bundesbank'

'El espionaje británico debería haber colaborado en la investigación de la muerte de Lady Di. El chófer Henry Paul era un informador suyo'

La publicación (primero en ruso, luego en inglés, después en alemán, ahora en español y pronto en francés) de The big breach (La grave transgresión), donde narra sus aventuras de espía, su despido y la persecución a la que el MI6 le ha sometido en medio mundo, ha puesto en ridículo al contraespionaje británico.

Ahora, Tomlinson sueña con ser piloto de línea regular (algo difícil mientras esté proscrito en el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Suiza), con trabajar en la policía francesa y, aunque señale que escribir no le causa 'ningún placer', no descarta volver a hacerlo, aunque sólo sea para demostrar que John Le Carré se ha convertido en una antigualla.

El antiguo espía acepta crear una dirección especial de correo electrónico para quien desee ponerse en contacto con él (lagravetransgresión@hotmail.com), aunque pide no difundir su dirección privada, en la que ha recibido numerosas muestras de apoyo, pero también amenazas de muerte.

Al comienzo de la conversación, de más de dos horas, Tomlinson examina la grabadora y comenta que en sus tiempos de espía del MI6 se utilizaban aparatos especiales, capaces de registrar las conversaciones en la banda intermedia existente entre las dos que existen en las cintas normales, lo que dificultaba su detección por los servicios secretos o la policía extranjeros.

Pregunta. Usted siempre ha dicho que el suyo es un simple caso de despido improcedente, pero nadie ha explicado los motivos reales para que le echaran del MI6.

Respuesta. A mí también me gustaría mucho conocerlos. Fue una injusticia y una torpeza que me intrigan todavía, y eso me pone aún más furioso.

P. ¿Ha vuelto a tener noticias de Enano Envenenado, el jefe de personal que le despidió?

R. Fue condecorado. Tenía mucha ambición personal, quería ser el jefe del MI6, pero terminó destacado dos años en Nigeria, un puesto horrible al que nadie quiere ir.

P. ¿Sigue usted exigiendo que su caso se lleve ante un tribunal de empleo británico?

R. Sí, pero por ahora es imposible. La presión pública que supuso mi caso ha permitido que se cambien las leyes. Los empleados de los servicios secretos pueden ya sindicarse y tener acceso a los tribunales, aunque sea a puerta cerrada. Pero esas leyes no se aplican para mí. Eso demuestra que saben que perderían.

P. Usted empezó a trabajar en el MI6 cuando el mundo del espionaje estaba cambiando, después de la guerra fría. Se ha llegado a decir que usted tenía mentalidad de antiguo espía, de un James Bond que ya no tenía cabida en la nueva situación.

R. No, no, para nada. El problema consistía precisamente en que el servicio conservaba aún esa vieja mentalidad, que daba la excusa perfecta para mantener el absoluto secreto. Fueron ellos los que no cambiaron. Yo sí lo hice, muchísimo. Siempre decía a mis jefes que debíamos adaptarnos.

P. ¿Cómo debe ser el espía perfecto en el mundo de hoy?

R. No hay espía perfecto, pero debería tener la misma mentalidad que un buen periodista, muchísima curiosidad, sensibilidad por otras culturas, conocimientos científicos y facilidad para los idiomas.

P. ¿Y la ideología?

R. No es tan importante, pero sí la honestidad.

P. ¿Con quién, o con qué?

R. Con el servicio, pero con honradez. Si un periodista miente en un artículo, se queda en nada. Si un espía miente en un informe de inteligencia, se acabó.

P. ¿En qué se parece el mundo real del espionaje al que refleja John Le Carré?

R. Le Carré se ha quedado desfasado, en ideas y en personajes. Sigue en los años cincuenta.

P. ¿Se recluta aún a los agentes en Oxford o Cambridge, como en los tiempos de Kim Philby, Mc Lean o usted mismo?

R. También ahí se está cambiando. Cuando yo estaba en el MI6, prácticamente todos los agentes eran blancos, de clase media, salidos de las principales universidades. Hacía falta una renovación, gente de otras razas. Es imposible que alguien con mi aspecto se infiltre en un grupo de terroristas afganos. Ahora, por fin, están intentando reclutar a negros, indios, paquistaníes...

P. Tras la guerra fría, ¿quién es ahora el enemigo? ¿Sigue siéndolo Rusia?

R. El enemigo más importante de los servicios secretos británicos es el Departamento del Tesoro. Ahora en serio, Rusia ya no está en cabeza. Más bien es el terrorismo internacional y países como Irán. Rusia ya no es más importante que Alemania.

P. ¿Qué opina de la tremenda dependencia del MI6 respecto a los primos de la CIA y del hecho de que se espíe a aliados, como Alemania y Francia a petición de Estados Unidos?

R. Es ilegal, injusto y amoral.

P. ¿Por qué se hace?

R. Porque el Reino Unido necesita mucho a EE UU, por ejemplo, en el terreno de la tecnología militar y de inteligencia. A cambio de esa ayuda, los servicios especiales británicos están siempre junto a los norteamericanos ya sea en Afganistán, Irak u otros países. Después del 11-S, Tony Blair se ha convertido prácticamente en un embajador de EE UU. Y por esa dependencia se montan también las operaciones de espionaje contra aliados europeos.

P. ¿Fue desenmascarado el topo del MI6 en el Bundesbank?

R. Supongo que después de la publicación de mi libro se habrá cancelado la operación, que era ultrasecreta, con normas de seguridad muy estrictas, las mismas de Moscú, que, por ejemplo, para organizar una reunión como la que ahora mantenemos nosotros, habrían exigido más de un día de preparación minuciosa y la participación de tres o cuatro agentes especializados en burlar al KGB.

P. ¿Se espió también en España?

R. No tengo información directa, pero es bastante obvio que, además de la colaboración con el Cesid respecto a las relaciones entre ETA y el IRA, el primer objetivo del MI6 en España es la política sobre Gibraltar.

P. ¿Siguen siendo necesarios los servicios de espionaje?

R. Para los ingleses, sí. Así mantienen relaciones cordiales con los norteamericanos.

P. ¿Es acaso esa la principal razón de ser del MI6?

R. No diría tanto. Sigue siendo la necesidad de mantener la seguridad del país.

P. ¿Por qué decidió publicar La grave transgresión?

R. Porque estaba harto de la persecución de los ingleses. Presionaban a los países amigos para que me hicieran la vida imposible. Lograron que me detuvieran sin motivo 11 veces y que me expulsaran de Suiza, Francia, Mónaco, Italia, Alemania, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Sólo me quedaban España e Italia, donde me encontraba cuando escribí el libro. Prefería irme a España, pero no quería hacerlo en avión y tampoco podía atravesar Francia. Además tenía cierto miedo de la Guardia Civil. No estaba seguro de las garantías legales en el país. Ahora leo las informaciones sobre ese juez Garzón, que a veces parece completamente loco, pero que, al mismo tiempo, muestra que España es un país donde el respeto a los derechos es muy fuerte, y el sistema judicial, independiente.

P. O sea, que no fue una venganza.

R. No, no, para nada. Desde que se publicó el libro fue imposible presionar ya a los servicios secretos de otros países. Antes decían que era un terrorista, que tenía secretos que podían desestabilizar toda Europa, que estaba loco. Ahora, eso es ya imposible. Otro motivo para publicarlo es que quería venir a vivir a Francia, pero no podía. Ahora ya puedo viajar por toda Europa sin problemas.

P. Cuando le expulsaron de Suiza, le preguntaron adónde quería ir. Usted contestó: 'A Rusia'. ¿Llegó a considerar realmente esta posibilidad?

R. No. Sólo lo dije para provocar. Habría sido muy embarazoso para los suizos explicárselo a los ingleses. Pero ellos se lo tomaron en serio y me replicaron: 'Hace mucho frío allí, y usted no habla ruso'. Así que les dije: 'Pues entonces me voy a Cuba, porque hace calor y hablo español'.

P. Lo cierto es que fue en Rusia donde primero se publicó La grave transgresión.

R. Sí, y estoy muy orgulloso de ello, porque resulta muy irónico. Los espías de Rusia tuvieron que desertar a Occidente para sacar sus libros y yo tuve que publicar el mío en Rusia.

P. ¿Cómo se produjo el contacto? Se dice que la editorial Narodny Variant y su director, Serguéi Korovin, son tapaderas del KGB, que quería quitarse la espina de la deserción en 1992 de Vasili Mitrojin, el desertor que puso en manos del MI6 los detalles de todas las grandes operaciones del KGB desde los años veinte.

R. Yo no lo sé, quizá sea cierto, pero no lo creo. Korovin es un chico de mi edad, un nuevo ruso en busca de hacer dinero, y estaba convencido de que había negocio a la vista. A mí no me importa si era agente ruso o no. Mi objetivo era publicar el libro.

P. Otro destacado desertor soviético, Oleg Gordievski, le acusa de ser un traidor.

R. Eso sí que es increíble porque si hay un traidor claro a su país, ése es él. Además, sólo escribe al dictado del MI6.

P. Pero, ¿qué siente cuando le llaman traidor?

R. Yo no soy un traidor a Gran Bretaña. En el Mundial de fútbol estaré de corazón con Inglaterra. Y si soy un traidor al MI6 es porque él me traicionó primero. No tengo ninguna obligación de lealtad.

P. ¿Supone su libro algún peligro para la seguridad nacional británica?

R. En absoluto. Eso es una exageración. El principal motivo para que el MI6 esté furioso es que teme que la publicación de La grave transgresión siente un procedente.

P. Stella Rimington, la ex jefa del MI5 , no tuvo, en cambio, problemas para publicar sus memorias.

R. Sí. Y le pagaron un millón de libras de adelanto.

P. ¿Se puede hablar de lucha por la libertad de expresión cuando se trata de un servicio que por su propia naturaleza es secreto?

R. Yo no pretendo decir que los empleados del MI6 deben tener derecho a escribir libros. Deben ser leales al servicio. Pero la mejor forma de conseguir que los agentes sean leales al servicio es que el servicio sea, a su vez, leal con ellos. Ésa es una lección que deben aprender los servicios secretos de todo el mundo.

P. ¿Por qué no intentó el MI6 llegar a un acuerdo amistoso con usted que evitara males mayores?

R. Cuando estaba en España tuve cinco reuniones con los enviados del MI6, pero el problema era que no supieron reconocer que yo necesitaba una explicación, una disculpa, como: 'Lo siento, cometimos un error'. Al final tuve que firmar un papel por temor a que me detuvieran.

P. La última reunión se efectuó en 1997 en la Embajada británica en Madrid. Usted dice en su libro que si aceptó guardar silencio, a cambio de un préstamo de 15.000 libras, fue porque le amenazaron con detenerle y temió por la seguridad. Gordievski dice que todo fue más prosaico y que le pagaron 20.000 libras.

R. Es falso. Fue un préstamo. Entonces mi situación era muy delicada, estaba sometido a mucha presión. Otro error del MI6. Era obvio que yo no quería firmar ese acuerdo, y no debieron forzarme a hacerlo. No fue un arreglo legal.

P. Meses después le detuvieron en el Reino Unido y le condenaron a un año por su intento de publicar el libro. ¿Por qué se declaró culpable?

R. Porque la ley británica es muy estricta, y con la nota en la que explicaba el esquema del libro era suficiente para condenarme. Además podían tenerme hasta un año en prisión preventiva, y la sentencia máxima era precisamente de un año y que con buen comportamiento no lo cumpliría entero.

P. Y le recluyeron en una prisión de máxima seguridad.

R. Sí, eso fue un buen chiste, porque yo no tenía antecedentes, y el mío era un delito menor.

P. ¿Cuál es su situación legal en el Reino Unido?

R. Si regresara, me detendrían inmediatamente. Y como reincidente podrían condenarme a dos años. Pero hay una pequeña posibilidad de que usaran una ley de 1911 que podría acarrearme una condena de hasta 40 años.

P. ¿Le persigue aún el MI6?

R. Ya no. Se han dado cuenta de que sería contraproducente. Con el libro en la calle, la gente se da cuenta de que no supongo ninguna amenaza. Creo que me dejarán en paz.

P. ¿Temió en algún momento que le asesinaran?

R. Sobre todo cuando estaba en España y casi nadie me conocía. Tenía una moto, vivía en Fuengirola, y ya sabe usted cómo es la carretera de la Costa del Sol. Allí hay siempre muchos accidentes.

P. Veamos algunas de las afirmaciones que hace en el libro. Como que el MI6 dispone de información clave sobre la muerte de Lady Di, ya que tenía a sueldo a Henry Paul, el chófer y ex jefe de seguridad del Hilton de París que también murió en el accidente.

R. El MI6 tendría que haber cooperado con la investigación. Ese día, Henry Paul estuvo desaparecido durante una hora, y yo creo que se reunió con su contacto en el servicio. Una táctica de éste es hacer beber a sus informadores para desatar su lengua, y Paul tenía mucho alcohol en la sangre ese día, aunque sus amigos y familiares sostuvieron que él apenas bebía habitualmente.

P. Usted añade que la forma en que se produjo la muerte se parece mucho a una de las tres propuestas contenidas en el informe de un empleado del MI6 que proponía el asesinato del líder serbio Slobodan Milosevic.

R. Sí, eso me chocó mucho, aunque reconozco que es muy especulativo. No es que haya evidencias claras de nada, pero el MI6 debería haber entregado sus informes. De lo que no hay duda es de que Henry Paul estaba a sueldo del servicio.

P. ¿Le pagó el padre de Dodi al Fayed, que murió con la princesa, por sus informaciones?

R. Es totalmente falso. Sólo me pagó el billete de avión desde Nueva Zelanda hasta Europa para que nos reuniésemos.

P. ¿Es cierto que en cuatro de cada 10 misiones el MI6 utiliza para sus agentes la cobertura de periodistas?

R. Sí. Yo mismo lo hice en cinco o seis ocasiones. Incluso tenía un carné, por supuesto falsificado, del sindicato de periodistas británicos.

P. ¿Y hay periodistas de verdad que trabajen para el servicio?

R. Los hay, aunque es más raro.

P. Usted insinúa que el ex presidente surafricano Nelson Mandela tenía relaciones especialmente estrechas con el MI6.

R. Sí, sé que éste es un tema muy polémico, y que Mandela ha sido muy crítico con mi libro, pero creo que no lo ha leído, sino que alguien le ha comentado que yo había escrito algo incorrecto. Yo sólo digo que tuvo contactos con el MI6, y eso era normal cuando él era un joven abogado en Suráfrica al que se auguraba un futuro importante en el país, y era normal que el MI6 contactase con él. Pero cuando él era presidente ya fue otra cosa, aunque había una relación bastante fuerte. Por ejemplo, en un viaje a Europa, el MI6 le puso un helicóptero suyo para viajar a Inglaterra.

P. ¿Intentó el MI6, cumpliendo instrucciones de la CIA, desacreditar a Butros Gali para que no fuese elegido secretario general de la ONU?

R. Sí. Estados Unidos le consideraba francófono, demasiado independiente, no suficientemente proisraelí, y además era egipcio. Para la CIA es ilegal manipular a la prensa, pero los ingleses sí pueden hacerlo, así que les pidieron el favor.

P. ¿Qué haría si en este instante le propusieran volver a trabajar para el MI6?

R. Diría que sí, aunque sólo porque las condiciones han cambiado. Es una profesión fascinante, no puedo imaginar ninguna otra que lo sea tanto.

'Nadie dice al jefe del MI6 lo que debe hacer'

TODO EMPEZÓ EL DÍA en que Richard Tomlinson acudió como cada mañana a la sede del MI6 en Londres, introdujo su tarjeta de identificación en una ranura, tecleó su código (6-9-2-1) y se encendió una luz roja. Poco después, el jefe de personal le comunicó que estaba despedido. Otro directivo del departamento, Julian Dimmock, le convocó dos días después. Ésta fue su conversación, según relata Tomlinson en La grave transgresión. -¿Cuáles son sus razones para largarme? -¿Y para qué coño quieres razones? No te sentarán bien. -Según la ley inglesa, hay que dar razones para despedir a alguien. -Tu director de personal, PD/2, te dio las razones cuando os reunisteis. -No es cierto. Démelas ahora, Dimmock pensó un momento. -Lo que a ti te motiva es el desafío. Te falta compromiso. -¡Claro! Por eso me mandasteis a Bosnia -respondí sarcástico. -No eres un jugador de equipo. -¿Pues cómo me dedicó P4 tantas alabanzas por la relación que establecí con la Troop 602 en Bosnia? Quiero esas razones por escrito. Tengo derecho según la ley de empleo. -Ya sabes que no podemos darte nada sobre el papel. Rompería la Ley de Secretos Oficiales. -Las quiero mañana. -A ver qué puedo hacer. -Y espero que lo hagan bien, porque me han echado ilegalmente y llevaré al MI6 a un tribunal de empleo. Dimmock se quedó sinceramente perplejo. -Esperamos que no lo hagas. Nos darías muy mala prensa. En cualquier caso, ¿con qué propósito? Aunque ganes, no recuperarías el trabajo. Nadie le puede decir al jefe del MI6 lo que tiene que hacer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002

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