Tras más de un mes de asedio, ayer comenzó a vislumbrarse una solución al cerco de la basílica de la Natividad, en Belén, cuando Estados Unidos y el Reino Unido se implicaron completamente en las negociaciones entre palestinos y militares israelíes. Hasta la entrada de Washington y Londres, las conversaciones habían sido un permanente cruce de acusaciones y amenazas.
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El tono cambió radicalmente cuando los representantes estadounidenses y británicos se sentaron a la mesa donde desde hace 15 días palestinos e israelíes mantenían un pulso que el viernes entró en un definitivo punto muerto. Fuentes palestinas confirmaron que el mismo Yasir Arafat llevaba desde Ramala el peso de la negociación, después de destituir a los representantes palestinos, encabezados hasta entonces por el parlamentario Salah Tamari y el alcalde Belén, Hanan Naser. 'El acuerdo es cuestión de pocas horas', señaló Naser.
El nudo gordiano del problema es el destino de los 20 o 30 milicianos palestinos reclamados por Israel por delitos de terrorismo. De ellos, un grupo de una media docena constituye el núcleo duro que se niega a un acuerdo, mientras el resto estarían dispuestos a exiliarse en Jordania. Un diplomático europeo entró ayer tarde en la Natividad para entregar la lista de palestinos reclamados por Israel. Por primera vez no eran los franciscanos los mediadores con los milicianos atrincherados y los palestinos pudieron conocer de boca de un negociador cómo están las cosas y escucharon sus propuestas. Además, los israelíes siempre han dicho que Arafat tenía 'la llave para terminar con el problema', mientras los palestinos mantenían que no habría solución sin EE UU. Ambos aceptaron ayer estas premisas. Según la radio israelí, la propuesta pactada es que cuatro de los milicianos palestinos sean trasladados a prisión en una operación similar a la realizada en Ramala con los asesinos del ministro israelí de Turismo.
Ajenos a lo que se habla en un piso que ha sido bautizado como el centro de la paz, a pocos metros de la iglesia, los francotiradores israelíes seguían abatiendo palestinos en el interior del complejo religioso. Ayer fue un miembro de los Tanzim quien resultó herido muy grave cuando, según los militares, salía del edificio. Tras ser evacuado en una camilla por cuatro monjes franciscanos, el hombre murió en un hospital de Jerusalén. Con la víctima de ayer ya rondan la decena los palestinos muertos durante el asedio. Los israelíes aseguran que se trata de hombres que están armados y disparando. De ser cierta esta versión, su lista de palestinos reclamados no debería de ser de más de diez o quince personas.
Por la mañana se registró una explosión en las cercanías de la basílica, justo a espaldas del lugar en que la prensa internacional vigila la puerta llamada 'de la humillación', por la que suelen salir los monjes y los heridos. La explosión se produjo en una clínica palestina situada en un edifico levantado en un entramado de calles, que descienden hacia el templo y que desde hace más de un mes permanecen con todas las puertas y ventanas cerradas. El Ejército anunció que había descubierto que el piso servía de laboratorio de armas y explosivos para los radicales palestinos. Un portavoz mostró material de propaganda de Hamás. Poco después se registraba otra explosión similar en la ciudad. Fuentes palestinas negaron la versión del Ejército y aseguraron que se trataba de una estrategia de presión israelí.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002