Miguel Ángel N. A., de 34 años, fue detenido ayer en su casa de Puente de Vallecas por su presunta implicación en la muerte de un hombre y una mujer -posiblemente indigentes o toxicómanos- y un bebé que supuestamente es hijo de la pareja. Los tres cadáveres fueron hallados carbonizados bajo un colchón humeante, sobre las tres de la madrugada de ayer, en el soportal del inmueble donde vive el sospechoso. El descubrimiento se produjo después de que los bomberos apagaran un incendio declarado en el bloque. La policía cree que al menos una de las víctimas, el varón, murió por varios golpes recibidos en la cabeza. Un rastro de sangre, que arrancaba del lugar donde fueron localizados los cuerpos sin vida, condujo a la policía hasta el piso del detenido.
'Un bombero gritó de repente que había pisado algo que parecía el cuerpo de una persona'
Los agentes siguieron un reguero de sangre que conducía al segundo piso del inmueble
Los cadáveres de las víctimas permanecen sin identificar en el Anatómico Forense
'No trabajaba. Vivía de lo que yo le daba', dice una hermana del sospechoso detenido
'Acababa de llegar a mi casa cuando empezamos a oler a quemado. Nos asomamos a la ventana y vimos una humareda tremenda en el soportal del bloque de enfrente. Eran las tres menos cuarto de la madrugada. Nosotros fuimos los que llamamos a los bomberos'. Lo recuerda María Dolores Hoyas Rubio, que estaba de visita en casa de una hermana que vive en el 154 de la calle de Ramón Pérez de Ayala, en el distrito madrileño de Puente de Vallecas.
Los bomberos apagaron rápidamente el fuego declarado en un cubículo existente en los bajos del inmueble número 156, en medio de la oscuridad de la noche y de una espesa humareda que ennegreció la fachada. Un policía recuerda que 'de repente, un bombero gritó que había pisado algo que parecía ser el cuerpo de una persona'. Tras retirar un somier y un colchón aún humeante, los bomberos y la policía descubrieron el cadáver de un hombre y, a su lado, el de una mujer y el de un bebé de apenas unos meses. Alumbrados por linternas, los agentes comprobaron que el varón estaba boca arriba; la mujer se hallaba a sus pies, tendida boca abajo; y cerca de ambos el cadáver del bebé. A unos metros de distancia, sobre el césped de un jardincillo próximo, un chupete.
El juez de instrucción número 40 de Madrid ordenó el levantamiento de los tres cadáveres y su traslado al Instituto Anatómico Forense, donde mañana, lunes, se les prácticará la autopsia. Ayer no pudo realizarse el examen médico-legal a causa de 'un problema técnico', según informaron fuentes policiales.
La sorpresa saltó poco después, cuando los agentes del Cuerpo Nacional de Policía observaron, junto al cadáver del hombre, un charco de sangre y un reguero que conducía hacia el portal del inmueble. Una vez dentro del edificio, los policías vieron en los peldaños de la escalera abundantes marcas de pisadas ensangrentadas que terminaban en la puerta B del segundo piso. Tras llamar a la puerta, abrió Miguel Ángel N. A., que presentaba heridas en la cara y en la cabeza, además de manchas de sangre en sus ropas. También el suelo y las paredes de la vivienda estaban ensangrentados.
Ante tales indicios, los investigadores requirieron de nuevo la presencia del juez de guardia para proceder al registro del piso. Al inspeccionar su interior, los policías vieron más rastros de sangre en el suelo, aunque notaron que habían sido parcialmente limpiados con una fregona, según fuentes policiales. Miguel Ángel N. A. fue detenido y trasladado sobre las siete de la mañana hasta un centro médico para ser sometido a examen; posteriormente los agentes lo llevaron a dependencias policiales.
Según fuentes de la Jefatura Superior de Policía, las causas de la muerte de las tres personas no podrán precisarse hasta que los forenses realicen la autopsia. No obstante, las mismas fuentes dan por seguro que el hombre falleció a causa de un fuerte golpe que le produjo fractura del cráneo. Eso explicaría la existencia del charco de sangre hallado junto a su cadáver. Lo que todavía no sabe la policía es cómo murieron la mujer y el bebé, cuyos cuerpos sufrieron graves quemaduras. 'El niño estaba prácticamente carbonizado', afirmó un mando policial.
Los encargados de la investigación desconocen la identidad de los fallecidos, ya que no portaban documentación. Ningún ciudadano había acudido hasta ayer tarde a reclamar sus cadáveres, lo que hace suponer a los agentes del Grupo de Homicidios de la Brigada Judicial que podría tratarse de una pareja de indigentes o marginados, junto con su hijo de corta edad, a los que 'nadie ha echado de menos hasta el momento', según fuentes de la investigación.
La brigada de Policía Científica, en caso de no haber otro medio de identificación, procederá a tomar las huellas dactilares de los adultos para comprobar si están fichados en los archivos policiales.
El caso presenta numerosos puntos oscuros. La policía aún no ha precisado cómo ni dónde se produjo el crimen ni el móvil del mismo. Los indicios, no obstante, hacen pensar a los investigadores que los hechos pudieron haberse iniciado en el piso del detenido, donde presuntamente se produjo una pelea entre Miguel Ángel N. A. y el fallecido. Pero ¿fueron asesinados la pareja y el bebé en la vivienda? ¿Cómo se hallaron los tres cadáveres en el soportal, bajo un viejo colchón en llamas y entre chatarra y muebles viejos?.
El detenido tiene antecedentes policiales por su presunta implicación en hurtos y robos, informa Francisco Javier Barroso. Algunos vecinos afirman que había estado varias veces en prisión. Actualmente vivía solo en el piso de Puente de Vallecas, desde que su madre falleció hace nueve meses. 'No trabajaba. Vivía de lo que yo le daba', declaró a EL PAÍS una hermana del sospechoso, que a media tarde viajó a Madrid desde Mengíbar (provincia de Jaén) para interesarse por la situación de Miguel Ángel. 'No sé nada. Todavía no he hablado con él ni con la policía', agregó.
Miguel Ángel N. A. fue detenido en su casa mientras estaba cortándose el cabello, según declararon varios vecinos del inmueble número 156 de la calle de Ramón Pérez de Ayala. Tenía el pelo muy rapado cuando salió de su vivienda, con la mirada perdida y esposado por la policía, para ser trasladado en un coche patrulla hasta un centro médico.
Mientras algunos aseguraban que el detenido es una persona 'muy normal', otros mantenían que no es tan normal e, incluso, vertían duros calificativos contra él. Pero nadie recuerda que haya provocado altercados o enfrentamientos, ni está considerado entre el vecindario como un hombre violento.
El soportal donde los bomberos hallaron los cadáveres de la pareja y el bebé es una especie de estrecho callejón sin salida, de unos 10 metros cuadrados, donde algunos vecinos de la zona suelen depositar chatarra, cartones, neumáticos usados y muebles viejos. Eso ha ocasionado repetidos problemas entre los inquilinos del inmueble, que se niegan a que ese rincón sirva de almacén, y quienes dejan allí tales objetos.
Ayer, varios residentes en el barrio comentaban que ese soportal es utilizado ocasionalmente por drogadictos o indigentes para pernoctar. Pero todos coincidían en que jamás habían visto dormir en ese lugar a la pareja y al bebé que resultaron muertos. Un joven que vive en el bloque donde ocurrió el suceso declaró que había llegado a su casa de madrugada y que no había visto a nadie durmiendo en el soportal. 'Pero eso no quiere decir que no estuvieran ¿eh? Estaba muy oscuro', advirtió.
A las tres de la madrugada de ayer, la temperatura era gélida en Madrid. Una de las posibilidades barajadas sobre el origen del incendio era que éste hubiese sido causado por una fogata encendida por las víctimas para calentarse. Sin embargo, varios vecinos que regresaron a sus casas en los minutos previos al incendio afirman que no vieron ninguna hoguera en el soportal del 156 de la calle de Ramón Pérez de Ayala. 'Eso seguro que lo habríamos visto', afirmaba María Dolores Hoyas, que aparcó su coche apenas a 15 metros de distancia de donde minutos después se desató el incendio.
Nadie pudo aportar ninguna pista sobre la identidad de las tres víctimas. 'Esta zona está llena de drogadictos y delincuentes', se quejaba una mujer. Pero todos los consultados coincidieron en que jamás habían visto deambular por el barrio a una pareja con un bebé.
El bloque donde se produjo el presunto triple crimen es una finca de cuatro plantas edificada por el Ivima (Instituto de la Vivienda de Madrid). 'En ese bloque y en otros de esta calle nos realojaron hace 21 años a la gente que vivíamos en chabolas del barrio de Palomeras y en el Cerro del Tío Pío', explicó una mujer, mientras se resguardaba del intenso frío de la madrugada.
El incendio ocurrido en la calle de Ramón Pérez de Ayala recordó inicialmente al trágico siniestro registrado el pasado 11 de abril en otro barrio madrileño muy diferente. Entonces, cuatro personas perdieron la vida en un fuego provocado en el número 20 del paseo de La Habana, en el acomodado distrito de Chamartín. Pero, ayer, las llamas no afectaron a ninguno de los pisos del inmueble y sus inquinos no corrieron peligro en ningún momento, ya que los bomberos controlaron inmediatamente la situación.
Más atrás en el tiempo, el 6 de marzo de 2000, cinco indigentes murieron calcinados mientras dormían en una casucha abandonada de la calle de Hornachos, en el barrio de Entrevías, en el mismo distrito de Puente de Vallecas. El siniestro se originó por una fogata hecha por las propias víctimas para combatir el frío de la noche.
Un caso plagado de incógnitas
Sólo hay dos cosas ciertas: la primera, que hay tres personas sin vida; la segunda, que la policía tiene detenido a un hombre por su presunta implicación en las muertes. Aparte de eso, nada. El caso ocurrido en la calle de Ramón Pérez de Ayala está rodeado de incógnitas. Porque una incógnita es quiénes son la pareja y el bebé hallados entre los rescoldos de un frío e inhóspito rincón de una vivienda de protección oficial. Una incógnita es saber exactamente dónde, por qué y en qué circunstancias se produjo su muerte. Un misterio es también cuál fue la causa que pudo llevar a alguien a cometer una acción tan despiadada. ¿Fue durante una disputa? Y, además, queda por aclarar si ese crimen fue sólo obra de una persona o de más. ¿Cómo se explica que ni el hombre asesinado ni su compañera ofrecieran aparentemente la menor resistencia al feroz ataque que les costó la vida? Y si éste se produjo a altas horas de la madrugada, en una zona poco transitada por coches y poco ruidosa, ¿cómo es posible que ningún vecino escuchara el llanto del bebé, ningún grito, ninguna petición de auxilio? Por el momento, la policía no dispone de respuestas para tantos interrogantes. El Grupo de Homicidios de la Brigada de Policía Judicial estaba ayer interrogando al detenido. Mientras, un corrillo de mujeres que tomaban el sol sentadas en la acera, junto al domicilio del sospechoso, pedía 'mil años de cárcel para quien ha sido capaz de matar a una criaturita'. El Cuerpo Nacional de Policía mantenía acordonada la zona.
Nadie vio nada, nadie oyó nada
Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Nadie sabe nada. Parece increíble que tres personas -dos adultos y un bebé- mueran de forma trágica sin que nadie haya oído un llanto, un lamento o un grito. Nada. A las cuatro de la madrugada de ayer, sólo cuatro mujeres y dos jóvenes aguantaban estoicamente en la calle de Ramón Pérez de Ayala el frío que se metía en los huesos. La barriada tenía un aspecto fantasmagórico: ni un ruido, ni una luz, ni un curioso asomado a la ventana de su casa. ¿Es que nadie había oído las sirenas de los bomberos? ¿Nadie había oído el rugir de los motores de los coches policiales? ¿Nadie había oído el golpe del portón funerario al cerrarse con tres cadáveres en su interior? ¿Nadie había olido el humo que envolvía sus casas? Horas después, a plena luz del día, ni siquiera sabían nada los vecinos que residen en el inmueble donde se produjo el drama. 'Aquí, cada uno va a lo suyo y nadie quiere saber nada. Si oyes gritos, lo mejor es hacer como que no los oyes', reconocía un joven con chándal, deseoso de cambiar de barrio. Por no saber, ni el marido de la presidenta de la comunidad de vecinos sabía nada del detenido, Miguel Ángel N. A.: 'Nunca hemos tenido problemas con él, pero tampoco le conocemos mucho. Sólo de que venía a pagar algún recibo', aseguraba. A las ocho de la mañana, un hombre con cara somnolienta caminaba hacia la parada de autobús más próxima y, al pasar ante el cordón policial, preguntaba con extrañeza: '¿Ha pasado algo?'. Al enterarse de que tres personas habían sido halladas muertas a pocos metros de su casa, el hombre se limitó a comentar: 'Bueno, me voy... que tengo que coger el autobús para ir al curro'. La calle de Ramón Pérez de Ayala circunda las inmensas instalaciones del Centro Cultural y Deportivo Tajamar, un colegio del Opus Dei. 'Tajamar comenzó su actividad docente en el año 1958 con el único propósito de que Vallecas contara con un centro de promoción social y educativa de gran calidad para promover los valores morales y culturales de los jóvenes en un barrio marginado de los programas de promoción social', reza la página web de este centro. Según esa información, el Centro Tajamar 'fue creado bajo el impulso directo del beato Josemaría Escrivá de Balaguer'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002