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Reportaje:

¿Qué quería Quiero TV?

La plataforma digital terrestre se convierte en la primera televisión española que cierra

Quiero TV nació hace dos años con el objetivo de desbancar a los dos canales de televisión de pago, pese a las múltiples advertencias de que se trataba de un mercado saturado sin sitio para un tercer actor. Al final, la apuesta ha resultado fallida. Desahuciada por sus accionistas y desatendida por el Gobierno que alentó su nacimiento, Quiero TV está a punto de convertirse en la primera televisión española que cierra.

'Que nos hagan publicidad los árbitros no podía traernos suerte'. Esta ironía de un representante de los accionistas, a propósito del contrato suscrito con los árbitros de fútbol de un representante de los accionistas, ilustra la dicotomía en que se ha movido Quiero TV entre la innovación y la falta de objetivos.

Quiero TV no sólo ha sido pionera en conseguir que los árbitros llevaran su símbolo en las mangas de la camiseta. La primera televisión digital terrestre ha apostado por una tecnología punta en los descodificadores que le ha permitido un nivel de interactividad inédito en España, al punto de que sus abonados podían utilizar el televisor para el correo electrónico o para conectarse a Internet. Incluso preparaba para este año una nueva oferta de descodificadores, con disco duro, que hubieran permitido concursar desde casa en programas como Gran Hermano, elegir un vídeo o parar una película en plena emisión.

Tampoco se quedaron atrás en el terreno del marketing. Una oferta vistosa (seis meses de suscripción por el precio de uno, ausencia de fianzas en la mayor parte de los casos, partidos de fútbol a cinco euros...) que le llevó a conseguir 200.000 abonados en el momento de máximo auge.

Pero esa innovación tenía su contrapartida en forma de imprevisión y gasto incontrolado. ¿Vale la pena pagar nueve millones de euros a los árbitros hasta 2005? ¿No resulta un poco oneroso los 20 millones de euros gastados en descodificadores a cambio de unas prestaciones que pocos abonados estaban preparados para utilizar? ¿La consecución de programas como Gran Hermano o los partidos de fútbol a golpe de talonario? ¿Y qué decir de la captación de clientes bajo el lema 'casi gratis total', que le ha costado a la compañía la mayor parte de los 400 millones que acumula en pérdidas?

Esa indefinición de objetivos arranca en el mismo nacimiento de la marca en 1999. El Gobierno decide convocar un concurso para otorgar una nueva televisión de pago pese a la estrechez del mercado español, que ya contaba con dos plataformas de satélite (Vía Digital y Canal Satélite Digital). De la acusación de que se trataba de un concurso teledirigido con intereses poco claros da prueba de que sólo se presentó un candidato, liderado por Retevisión, empresa recién privatizada cuya consejero director general era entonces Anna Birulés, actual ministra de Ciencia y Tecnología, y quien debe decidir sobre la devolución de la licencia y de los avales de 34 millones de euros.

Pero la mejor prueba de la imprevisión con que se montó la cadena, que le ha costado a los socios hasta el momento alrededor de 900 millones de euros en sucesivas aportaciones, son las disensiones que ha habido entre los accionistas. La primera pugna por la gestión enfrentó a Planeta y Retevisión (el germen de lo que luego sería Auna). El grupo editorial lideró la gestión de Quiero TV hasta mayo del año pasado, cuando las crecientes exigencias financieras del canal y la presencia de Planeta en otra televisión digital en abierto (Veo TV) aconsejaron a José Manuel Lara desvincularse activamente del proyecto.

Auna, con el 49% del capital, tomó el mando del mismo y puso a Ildefonso de Miguel, proveniente de Retevisión, al frente del mismo. Fue la época de los grandes planes de despliegue, que nunca se correspondieron con un servicio de instalación eficaz y con una atención al cliente que dejó siempre bastante que desear, aunque el crecimiento del número de clientes hasta sobrepasar los 200.000 encubría cualquier apelación a la cordura.

Todo cambió cuando la cabecera del holding se replanteó toda su estrategia, tras el abandono de Telecom Italia, que nunca ocultó su desagrado con Quiero TV, que entendía como un proyecto semipúblico (de intereses nunca confesados) y no como un negocio en sí. Ese rechazo y el desembarco definitivo de SCH en Auna dieron al traste con los planes faraónicos de Quiero TV, que se planteaba no sólo alcanzar la rentabilidad en 2004, sino superar a Vía Digital y a Canal Satélite, que ya contaban con más de dos millones de abonados.

Auna no está dispuesto a ser el socio tonto del grupo. 'Ellos ponían las ideas, pero querían que nosotros las financiáramos', dice uno de los accionistas del holding de telecomunicaciones controlado por SCH, Endesa y Unión Fenosa.

'Se vende'

Tras poner el cartel de 'se vende', se agudizaron las disensiones internas, aunque esta vez subió al cuadrilátero Mediapark, la productora catalana participada por Telefónica, que considera que el cierre de Quiero TV no está suficientemente justificado porque consideran que el proyecto sigue siendo viable (pese a que Vía Digital, también participado por Telefónica, pierde 334 millones de euros con 800.000 abonados).

Mediapark, en cualquier caso, no cree que la liquidación ordenada sea un procedimiento adecuado y se abstuvo en la votación de la última junta de accionistas que aprobó la devolución de licencia y la rescisión del contrato.

Los enfrentamientos pueden agudizarse porque la liquidación ordenada no va a ser gratis. Pagar a los proveedores, pese a la importante quita que se negocia, e indemnizar a la plantilla costará como mínimo 200 millones de euros, que deberán ser aportados por todos los socios.

La pelota está en el alero de Ciencia y Tecnología, que no sólo tiene que decidir si devuelve los avales por 34 millones de euros, sino si convoca un concurso para repartir las frecuencias que deja libres Quiero TV o si las reparte entre las televisiones actuales. Le quedará siempre el consuelo de que la crisis se ha llevado también por delante a gigantes europeos como la británica ITV. Aunque, a la vista de corta longevidad del proyecto, muchos se sigan preguntando qué quería Quiero TV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002