El ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, declaraba recientemente que el espectacular incremento del bienestar y de la renta disponible explica que los precios de la vivienda libre hayan subido más del 50% en los últimos seis años. También aseguraba, según la misma nota de prensa, que la vivienda protegida está congelada por la misma razón (el crecimiento de la renta). La explicación del señor Álvarez Cascos no encaja bien con la realidad, pues si el precio de la vivienda libre ha subido más del 50% en estos últimos años (en torno al 14% anual), los salarios sólo han crecido entre el 1%-2%, con lo cual la vivienda está resultando un 'derecho' cada vez más inalcanzable para las rentas medias y bajas debido al desigual crecimiento de los precios y de las rentas. Tampoco las viviendas en alquiler son una alternativa, porque los precios de éstas crecen al mismo ritmo que las de reciente construcción.
En cuanto a la vivienda protegida, si está congelada no será por falta de demanda. Sólo en la última promoción de la EMV, para unas quinientas viviendas se han presentado más de 9.000 solicitudes (sin contar con las personas que no han llegado hasta el final por la complicación burocrática del proceso). Así pues, la vivienda de protección pública ha descendido hasta el 5%, pero no precisamente por falta de solicitantes. En ciudades como Viena, el mercado de vivienda protegida es mayoritario, y no creo que sus habitantes sean más pobres que los de aquí.
No me parece razonable que ante la dificultad de encontrar una vivienda digna para muchos españoles (principalmente en las grandes ciudades), el ministro de Fomento hable de bienestar y de rentas holgadas en términos generales, porque ésa no es la realidad.
El boom de la construcción puede que tenga más que ver con la especulación y con el turismo que con la renta de los españoles. Y si no que se lo pregunten a quienes se quedan fuera de los planes de vivienda protegida, a aquellos que no les queda más remedio que adquirir vivienda libre dedicando las tres cuartas partes de sus ingresos al pago de un crédito hipotecario el resto de su vida, o a los inquilinos de rentas antiguas con escasos recursos que pronto serán incapaces de afrontar el considerable incremento que supone la actualización de los alquileres, según la última Ley de Arrendamientos.
Un tema tan espinoso como éste requiere mayor rigor, y no puede tratarse con la frivolidad con que lo ha hecho el señor Álvarez Cascos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002