Es la gran sorpresa, el visitante inesperado. Agirre fue una promesa incumplida. Exultante en aficionados, el profesionalismo le vino grande y necesitó de un tratamiento especial para retornar a su lugar en la competición, ahora sancionado con un momento histórico: convertirse en el primer vizcaíno que alcanza la semifinales desde 1983 (cuando lo consiguieron Roberto García Ariño y José Mari Luque). El sotamano ha sido su principal arma y la alegría su principal fundamento para derrotar a dos cañoneros como Patxi Ruiz y Patxi Eugi, sendos candidatos al título. Agirre reivindica el papel del delantero.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002