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Crítica:TEATRO

La Gran Guerra, en directo

Con cartas de los protagonistas reales, maquetas que reproducen el frente y una microcámara que sigue a pequeños soldados de tela a través de las trincheras, Hotel Modern revive en Sevilla la desesperanza de los combatientes en la I Guerra Mundial.

Hotel Modern es una compañía holandesa que desde hace cinco años se ha embarcado en la producción de espectáculos en los que, con enorme imaginación, combinan el teatro de objetos, el de marionetas, la música en vivo y la imagen filmada y proyectada en tiempo real. Heden Stad, su primer montaje, se desarrolla sobre una maqueta enorme, elaborada a imagen y semejanza de una gran ciudad. El segundo, De Grote Oorlog (La gran guerra), que se representa hoy en el Teatro Central de Sevilla, recrea la vida en el frente durante la I Guerra Mundial. Mientras las actrices Arlène Hoornweg y Pauline Kalker leen fragmentos de cartas y de diarios escritos por soldados británicos, alemanes, franceses, belgas y canadienses, Herman Helle recrea sobre una gran mesa los escenarios del drama con arena, barro, semillas y otros materiales que manipula con extrema habilidad. Una cámara minúscula, como las que se utilizan en microcirugía, sigue por el interior de las trincheras los movimientos de los combatientes, muestra su punto de vista cuando se asoman al exterior entre los sacos terreros. Sobre la maqueta diluvia, nieva, caen bombas, y todo se proyecta en una gran pantalla. Un golpecito en la mesa, amplificado por el músico Arthur Sauer, suena como el estallido de una granada; y el encendido de una cerilla, como la salida de varios litros de gas mostaza. Mientras los soldados preguntan a sus esposas por lo que ocurre en casa, por los niños, por el tiempo que hace, por la última travesura del perro, los manipuladores conducen con destreza los combates, los repliegues, las muertes, y crean la metáfora de que son manos tan humanas y tan ciertas como las suyas las que desencadenan y aventan los conflictos bélicos.

La jóvenes actrices Pauline Kalker y Arlène Hoornweg fundaron Hotel Modern en 1996, y poco después se les unió Herman Helle, un artista plástico que desde hace 16 años construye maquetas de ciudades y de edificios para arquitectos como Rem Koolhaas y para museos. Helle es el demiurgo que recrea bellos paisajes a la vista del público y el demonio que los atraviesa de heridas envenenadas, hasta dejarlos irreconocibles. Arthur Sauer, penúltima incorporación de la compañía, es compositor de música electrónica, constructor de instalaciones sonoras y diseñador de instrumentos musicales. La colaboración de todos ha dado un nuevo espectáculo, Smail Trails, que tras su estreno en Holanda se presentó en la sección teatral de la pasada edición de La Biennale, de Venecia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de mayo de 2002