El Real Madrid está realizando desde hace días en su estadio unas obras para instalar unos ascensores en la fachada sur -calle de Concha Espina- para el mejor acceso del público a las partes altas del mismo, lo cual es una excelente idea.
Ahora bien, no comprendo por qué dichas obras tienen que iniciarse todas las noches alrededor de las once y terminar hacia las siete de la mañana del día siguiente.
Lógicamente, pensé que no tendrían permiso del Ayuntamiento, pues es difícil concebir que una institución que en principio debe velar por los ciudadanos y su bienestar autorizaría que unas grúas de grandes dimensiones elevasen unas impresionantes vigas metálicas para acoplarlas a la fachada, con los lógicos martillazos y todo tipo de ruidos, dejando al vecindario sin dormir.
Sin embargo, se me ha confirmado que sí se concedió el permiso y que no podemos hacer nada al respecto.
Agradezco al señor alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, su exquisita sensibilidad con los ciudadanos.
¡Qué dura y decepcionante es la realidad!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de junio de 2002