La ley del péndulo impera en la eliminatoria Barça-Tau. No por culpa del factor cancha, ni por detalles técnicos o tácticos, ni siquiera depende, como sugiere Aíto, del criterio arbitral. No. Este duelo se mueve en función, exclusivamente, del ánimo. Y aquí unos y otros se levantan con un cuerpo totalmente distinto cada día. En algunos jugadores, el espíritu cambia más a menudo, como el viento. Pero al final todo se somete al péndulo. Si un día los baskonistas están excelentes, al partido siguiente son los azulgrana. Los impares pertenecen al Tau. Ayer volvió a imprimir su sello. Lo ganó, pero en un ejercicio de funambulismo. Como en el primero, desató un vendaval en el arranque del choque y, a partir de entonces, se dedicó a vivir de las rentas hasta complicarse demasiado la vida. Independientemente del cómo, la cuestión es que tiene la final a un triunfo, y dispone de dos oportunidades, mañana en Vitoria y el sábado, en el hipotético desempate en Barcelona.
TAU CERÁMICA 85| BARCELONA 81
Tau: Bennett (22), Sconochini (11), Foirest (13), Tomasevic (13), Oberto (14); Scola (1), Corchiani (-), Nocioni (9) y Vidal (2). Barcelona: Jasikevicius (29), De la Fuente (5), Karnisovas (7), Okulaja (13), Camata (-); Rodríguez (1), Alzamora (9), Digbeu (4), Navarro (2) y Rentzias (11). Árbitros: Ramos, Requena y Martínez. Sin eliminados. Unos 8.800 espectadores en el Fernando Buesa Arena. El Tau domina la semifinal por 2-1, al mejor de cinco. El próximo partido se disputará mañana en Vitoria (20.30, C+).
Si el Tau salió rabioso y espoleado por el abrumador resultado del segundo partido, el Barça acusó el efecto contrario. Le atacó la galbana. No supo defender. La permisividad de los jugadores de Aíto se retrató en el marcador parcial de los primeros diez minutos: 33-16. El partido estaba sentenciado, y el Tau no se había desgastado un ápice. Se dosificó, repartió protagonismos y ni tan siquiera necesitó de su mejor juego interior (su pívots son superiores mientras Dueñas no entre a escena en la semifinal).
Con Oberto restablecido de su esguince cervical, el Tau pudo desplegar todo su repertorio. Nadie en el Barça supo contener la tormenta a tiempo. El único que asomó la cabeza fue el menos esperado, Alzamora, un pívot de rango secundario cuyo mayor aval es el sacrificio. Él, el más joven, enseñó el camino a sus compañeros y sólo Jasikevicius captó el mensaje.
El base lituano empezó a labrar un intento de remontada a base de tiros libres (8 de 9 intentos) y triples (un notable 5 de 10), pero con el método contrario al Tau, es decir, no hubo vendaval, sí un viento racheado. De hecho, el Barça dominó el parcial en tres de los cuatro tiempos. Le faltó una explosión. Así, lento pero seguro, el Barcelona acabó teniendo lo que pocos esperaban, una posibilidad de ganar el partido.
Tras una ráfaga de triples, Jasikevicius y cía se colocaron a un solo punto (81-80) en el último minuto. Contó entonces con el fallo de Foirest desde los 6,25 y, cuando el lituano disponía del triple ganador, lo falló. Tal vez abusó de ese recurso, y no dejó que nadie colaborara en la remontada. El caso es que la suerte de Jasikevicius se agotó en el momento más inoportuno. Al Tau le bastó entonces con jugar con el reloj. A partir de ahora, ya no hay colchón para el Barcelona. Un nuevo fallo le mandaría a casa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de junio de 2002