Leo con sumo gusto el artículo en EL PAÍS Andalucía de Justo Navarro del 2 de junio. Artículos como éste contribuyen a modernizar la mentalidad del país, y no me refiero a este magnífico periódico, sino a esta España que parece no acaba de salir de los años cuarenta.
Escribo esto el lunes recuperándome de la apoteosis festivo-religiosa de ayer domingo con la celebración del Corpus en Córdoba. Desde primeras horas de la mañana las campanas de la mezquita, perdón, catedral, repicaban gloriosa y atronadoramente cada quince minutos, impidiendo, y no exagero, una conversación normal dentro de casa. Por la tarde, el jolgorio continuó con la procesión, este año debidamente amenizada por los altavoces que, instalados a todo lo largo de las calles, iban retransmitiendo la procesión para aquellos que habíamos preferido quedarnos en nuestras casas. Me pregunto si llegará un momento en que los monaguillos irán por delante tocando los timbres de los pisos conminándonos a ver la procesión.
Ah, me imagino que nuestra ínclita alcaldesa no se la perdería.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002