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Los amigos de un solitario

El salón de actos del Prado, para la ceremonia de entrega a Ramón Gaya del Premio Velázquez, y la sala de pintura italiana del Renacimiento, con las paredes de la desmontada exposición La almoneda del siglo, para el aperitivo con los Reyes, no se llenaron para celebrar un premio que Cultura quiere identificar con el Cervantes. Hubo preocupación en los organizadores por los asientos vacíos y las dudas sobre el horario, las invitaciones, la falta de costumbre. 'Gaya es un auténtico pájaro solitario, tiene una docena de amigos, su obra no está representada en museos y colecciones, y eso se nota en este tipo de actos. Si fuese Tàpies esto estaría hasta los topes', comentaba un amigo del pintor. Y allí estaban sus vecinos de Madrid, la galerista Elvira González y el pintor Luis Feito, y de Murcia, con el presidente Ramón Luis Valcárcel, el alcalde Miguel Ángel Cámara y el director del museo, Manuel Fernández Delgado.

Académicos, historiadores, artistas, galeristas y escritores también celebraron el premio, como Julio López Hernández, Andrés Trapiello, Eduardo Úrculo, Pedro Serna, Alfonso E. Pérez Sánchez, Eduardo Serra, Miguel Zugaza, Juan Manuel Bonet, Oliva Arauna, José Antonio Muñoz Rojas, Guillermo de Osma, Emilio Botín, Benito Navarrete, Soledad Lorenzo, Tomás Segovia, el duque de San Carlos, Juan Carlos Elorza, Luis Miguel Enciso y Gonzalo Anes.

Las palabras de la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, con cortes y cambios sobre el texto entregado a los medios, elogiaron la obra pintada y escrita del primer Velázquez. 'Una especie de permanente modernidad se encarna en la obra de Ramón Gaya. Es una modernidad distinta de esa otra que, como él dice, 'no es que no exista, sino que no importa'. A Gaya no le importa la modernidad, pero como no le importa a quien tiene lo moderno como lo puramente vivo'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002