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COLUMNA

El mosaico de la transición

En tan sólo unos pocos días el repertorio bibliográfico valenciano se ha enriquecido con la aparición de varias obras que, sin temeridad, podemos y debemos considerar de obligada lectura para cuantos estén interesados en la llamada transición hacia la democracia en el País Valenciano. Interesados por curiosidad intelectual o porque, además, el lector -como parte de los autores- estuvo involucrado con mayor o menor grado de protagonismo en aquellos sucesos que nutrieron casi una década apasionante a partir de la muerte del dictador en noviembre de 1975. Me refiero al primer volumen de Política y políticos valencianos (Editorial Gules), de Benito Sanz y Josep Maria Felip; Roig i blau (Tàndem Arguments), de Alfons Cucó, y a Els temps moderns de esta misma editorial, por algunas anotaciones que Adolf Beltran le dedica a este episodio.

Ignoro si los años transcurridos son un plazo prudente para llevar a cabo este trabajo historiográfico sin el riesgo de que la proximidad de los hechos y la implicación personal de los investigadores puedan desorbitar la valoración de los trances que se relatan y la actuación de sus agonistas. En todo caso, a la probidad de aquellos, hemos de agregar la ventaja que supone disponer de fuentes documentadas abundantes, a menudo vivas y contrastables. El resultado de los textos citados, concebidos a partir de criterios distintos y complementarios, es el relato y ordenación de unos acontecimientos estelares y decisivos para interpretar aquel pasado caleidoscópico y diagnosticar nuestro presente político, o proporcionarnos los mimbres para hacerlo.

Al saludar estas novedades editoriales, que los especialistas aquilatarán críticamente, nos atrevemos a pronosticar que no habremos de esperar mucho a que se prolonguen e incluso se contrasten con otras alentadas por semejantes propósitos. Para el caso celebraríamos, por lo insólito, que algunas de las esperadas aportaciones fuesen suscritas por autores adscritos al macizo conservador, siquiera fuese para matizar, desde su perspectiva, el funesto papel que buena parte de la derecha indígena desempeñó en esta andadura. ¿Fue Abril Martorell tan nefasto? ¿Lo fue Emilio Attard? ¿No estaría su proceder determinado por las quiebras históricas e incertidumbres de esta sociedad? Cucó nos propicia buenas pistas.

Los libros que glosamos, sumados a otros precedentes, han desbrozado mucho el camino hacia la cabal comprensión de dicha época. Pero quedan todavía muchas historias que contar. De fuste unas, colaterales otras, pero todas necesarias para completar aquel mosaico. De la Iglesia valenciana, por ejemplo, apenas ha sido escudriñada su actuación; del éxodo del PSPV hacia el PSOE bajo el palio de Ernest Lluch, o de las relaciones de éste con Vicent Ventura, o de la difícil metabolización de la componente nacionalista en el seno del socialismo emergente; las soledades del presidente preautonómico Luis Albinyana y, ¡uf! qué trago, el proceder -a mi juicio ominoso, pero obviamente erróneo- de los gobiernos de Joan Lerma para con la prensa diaria alternativa. Todo un sumario de temas, y no siempre subalternos, que deberán abordarse para ajustar el gran fresco de la transición que los libros citados han plasmado con plausible eficacia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002