A veces, algunas veces, no queda más remedio que rearmarse mentalmente o abrir el paraguas protector de la crítica so pena de sucumbir a la Brunete mediática. Nos queda la palabra. He leído con estupor la proclama publicada el pasado 28 de mayo por nuestro molt honorable con el sugerente título de Seguir avanzando. Aunque no me crean ustedes, la propia decisión de leer el citado artículo me exigió un esfuerzo previo de apertura mental, de pensar que quizá dijera algo de interés, de no condenarlo sin más al ritual sabatino del contenedor de papel. Me alegro de la decisión. Conviene mantener viva la capacidad de asombro. Conviene comprobar la diferencia entre el panfleto y la exposición ordenada de ideas que pretende establecer un diálogo con el lector, defender una idea, sembrar una inquietud... Conviene, en fin, percatarse del carácter opiáceo de este tipo de literatura. Malgré tout, creo que el molt honorable subestima la inteligencia de los ciudadanos y ello no sólo me reconforta sino que me evita la tentación -siempre poco saludable- de pensar que tengo que salvar algo o a alguien. Estas rayas son, por tanto, un simple ejercicio de autohigiene mental, sin más pretensiones. Y el escribirlas, el fruto de una ya añeja propensión. Nadie es perfecto.
Sin pretenderlo acabo de escribir la expresión condensada de mi mensaje. Que el artículo celebre el septuagésimo aniversario de la victoria del Partido Popular en el País Valenciano (a mí, lo de la Comunidad me sigue sonando a convento), me parece lógico y legítimo. No así el panegírico en que se corporeiza la celebración y la absoluta ausencia -ni una sola frase- de la tan manida pero necesaria autocrítica. En síntesis, el artículo viene a decir que 'lo hemos hecho todo a las mil maravillas y si usted sigue confiando en nosotros -o sea, votándonos- todavía le llevaremos más lejos'. Vale.
Cuando tras una larga y aburrida relación de los discutibles logros alcanzados leí aquello de 'sin embargo, no es propio del Partido Popular detenerse en la autocomplacencia' pensé ingenuamente: 'ahora viene'. Un segundo después cuando leí que la frase acababa con 'ni frenar su ritmo de acción', me temí lo peor: la sustitución de la autocrítica, del reconocimiento de la perfectibilidad de las cosas e incluso -si no es demasiado atrevimiento- de los errores cometidos, por otra larga lista de promesas que nos llevarán indefectiblemente al mejor de los mundos posibles.
La sociedad valenciana, presidente, tiene, lamento comunicárselo, bastantes problemas no resueltos o mal resueltos y los retos de futuro van por ahí y no por la variante que usted nos sugiere. Y creo que debería comentar con su asesor de imagen la posibilidad de que tanto autobombo acabe por embafar (como decimos los valencianohablantes) y sea, electoralmente hablando, pelín contraproducente. Usted verá.
El memorial de greuges es tan fácil de hacer como aburrido de leer. Me limitaré, por tanto, a apuntar algunas cuestiones menores que quizá deberían preocuparle mínimamente, sin quitarle el sueño, claro está. Son cuestiones puntuales que se me ocurren a bote pronto y que sería conveniente complementar con lo que puedan pensar otros ciudadanos puesto que toda percepción individual es, por definición, parcial.
Si yo fuera usted me preocuparía por la constatada baja del ritmo de crecimiento económico. Más que nada porque de crecer a tasas próximas al 4% a hacerlo a tasas del 2%, la capacidad de generar nuevos puestos de trabajo disminuye y el paro propende a aumentar -el muy puñetero- si continúa la incorporación de la mujer al trabajo y si no conseguimos blindar el país a la inmigración. Y como no creo que sean las nuevas generaciones del Partido Popular las que hagan frente en exclusiva a la deuda pública, no estaría de más que pensara usted cómo reconducir el crecimiento exponencial de la deuda pública de la Generalitat o -caso de ser imposible- cómo explicarselo a la ciudadanía.
Que el último boom inmobiliario (que ya empieza a deshincharse como era de preveer) ha hecho subir notablemente el esfuerzo familiar en la adquisición de una vivienda es un hecho constatado y no precisamente un mérito. Y que el citado boom no sólo ha dejado fuera del mercado a los sectores débiles sino que también ha acabado por colmatar irresponsablemente nuestras ciudades y costas generando graves problemas medioambientales tampoco es el sueño de una noche de verano. Y, a decir del Libro Blanco y de numerosas informaciones aparecidas últimamente en la prensa, lo de la I+D+I está chungo o, por lo menos, podría ir bastante mejor. Y usted sabe que de ello depende en buena medida el crecimiento de la productividad y de la competitividad de nuestra economía a medio plazo.
Me congratula que proclame usted sus buenos deseos de integración para con la comunidad de inmigrantes pero la realidad actual dista mucho de ser edificante. Y en la sede de su gobierno, la ciudad de Valencia, hay unos cuantos miles de empecinados que insisten en dormir bajo los puentes de nuestro río de cultura. Manías. No quisiera atosigar pero lo de los enfermos mentales y lo de los geriátricos desluce su gestión. Suyo afectísimo.
Josep Sorribes es profesor de Economía Regional y Urbana de la Universidad de Valencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002