Fino, moreno y adormilado como si la lentitud fuese la marca imborrable que dejó en su carácter el sol del Chaco, el lateral derecho de Paraguay, Francisco Chiqui Arce Rolón, se mueve sin hacer ruido. Actuando de forma opuesta a la de su gigantesco capitán, el melodramático José Luis Chilavert, el lateral es un hombre que mira y calla. Hasta que se pone frente a un balón, en los córners, en las faltas indirectas o directas. Golpea la pelota envolviéndola con el pie derecho, seco, y la palanca nerviosa de su pierna derecha sacude un golpe capaz de imprimir al balón la velocidad y el vuelo sostenido durante muchos metros. 'Cuando tira un centro no hace falta ni cabecear', dice Acuña. 'Pones la cabeza y la metes. La pelota va a la altura de la cabeza, recto, con una rosca impresionante. La tocas y es gol. En la eliminatoria del Mundial de Francia fuimos la defensa que más goles hizo. Todos a balón parado. La mayoría gracias a Arce'.
Arce ya sabe que cuando Chilavert sale del área, debe apartarse para que el portero lance las faltas
Arce, de 31 años, es la estrella callada de Paraguay. Juega en el Palmeiras y su función en la selección va más allá de la marca, como demostró el gol de falta directa que le marcó a Suráfrica en el primer partido. En el sistema de 3-4-1-2 da consistencia al medio campo y, sobre todo, su gran función consiste en centrar a la cabeza de los saltadores: Paredes, Cardozo, Gamarra, Ayala y Santa Cruz.
Arce lanza las faltas desde el lado izquierdo y Chilavert, que es zurdo, lo hace desde el derecho. Pero Arce ya sabe: en caso de que el jefe deje la cueva, debe dar un paso al costado y permitirle que tire. 'Normalmente, el lado mejor para Chila es el derecho', dice Arce. 'Pero nunca hubo problemas. Jugamos hace mucho tiempo y si él sale del arco ya es para pegarle. Si no, le pego yo. Ganas tenemos los dos. Él tiene su perfil, yo el mío. Aunque cuando veo que él sale del área, ya sé que lo va a tirar'.
A Chilavert, amante del teatro, le gusta anunciar sus tiros con antelación. Una vez dijo que le haría un gol al Mono Burgos, el portero de Argentina, en un Argentina-Paraguay que debía disputarse dos meses más tarde correspondiente a las eliminatorias del Mundial de Corea y Japón. Chilavert se ocupó de repetirlo cada vez que pudo y el debate en Buenos Aires se encendió. El día del partido, cuando el árbitro pitó una falta al borde del área de Burgos, los 60.000 hinchas argentinos del estadio Monumental enmudecieron. Una cámara enfocó a Burgos: le temblaba la mano mientras acomodaba la barrera. Chilavert salió del área grande y fue hacia el balón. Disparó sin arriesgar. La pelota fue al lado dominado por el portero que, fuera de sí, no pudo atraparla mientras se metía en la portería. Arce lo vio desde su banda.
'Chilavert es muy importante porque se lleva toda la responsabilidad', dice Acuña. 'En las faltas por la izquierda a cualquier arquero lo asusta porque le pega muy bien. Cada falta es un 90% de posibilidades de que vaya a portería o a córner. Es muy difícil que pegue en la barrera y en el contragolpe nos hagan un gol. Nos da una tranquilidad bárbara'.
Ayer, José Antonio Camacho llamó a todos los defensas de España para advertirles del peligro de los córners y las faltas al borde del área. 'No sé si Chilavert lanzará todas las faltas. Creo que dependerá del resultado y sólo se atreverá si no es positivo para ellos, para no arriesgarse a que el balón pegue en la barrera y provocar un contrataque. Toco madera, pero no es normal que un portero marque goles', comentó el técnico.
Camacho insistió en que la defensa debía replegarse en cuanto España perdiera el balón: 'Tenemos que replegarnos cinco metros porque cuando tengan la pelota ellos no se van a complicar la vida y van buscar el balón largo a Santa Cruz para provocar la falta al borde del área. Van bien de cabeza'.
Chilavert ha practicado penaltis y ha tirado más de 30 tiros libres con barrera en cada entrenamiento a lo largo de la semana. Su repertorio es vasto: folha seca, con efecto hacia delante para que el balón supere la portería y caiga rápido con bote ante el portero; por el costado de la barrera con comba; a la cepa del palo, a media altura y a la escuadra. Pero si mañana no se mueve cuando el árbitro pite una falta al borde del área de Casillas, El Chiqui sabrá que ha llegado su turno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002