'Me quedé atónito cuando Zahovic me atacó'. Con lágrimas en los ojos, Srecko Katanec, seleccionador esloveno, relató así el grave incidente que tuvo el domingo con la figura más entronizada del deporte esloveno: Zlatko Zahovic, un faraón en su país. El altercado surgió al término del encuentro España-Eslovenia. Al llegar al vestuario, Zahovic, que había sido relevado en el minuto 63, se lanzó contra su técnico tras una agria discusión entre ambos. Tuvieron que ser separados. Ayer, tras revelar la gresca la televisión eslovena, Katanec anunció que dimitirá en cuanto su equipo sea eliminado. En realidad una dimisión forzada, porque el seleccionador pretendía expulsar ayer mismo a Zahovic de territorio coreano. Pero irrumpió el presidente de la federación, Rudi Zavrl, y la estrella ganó el pulso. 'La decisión de que Katanec dimita se ha tomado de acuerdo con los jugadores', dijo el directivo.
Tras el duelo con los españoles, Zahovic reprochó al seleccionador que le hubiera cambiado al poco de iniciarse el segundo periodo. 'Me sustituyó a los diez minutos, cuando no lo estaba haciendo tan mal, por eso me enfadé mucho', dijo el futbolista, contrariado por la 'desagradable' sensación de haber sido relevado 'más pronto que nunca en un partido oficial con la selección'. 'Fue horrible', apostilló el jugador del Benfica.
El divorcio entre Katanec -de 38 años- y Zahovic -de 31- viene de lejos. Hay muchas cicatrices entre los dos principales autores del milagro de Eslovenia, el país más pequeño de cuantos disputan en el Mundial, con dos millones de habitantes, y miembro de la FIFA desde 1990. En la última Eurocopa, Katanec, al que le desagrada el carácter altivo y pasota del jugador, ya le puso alguna banderilla a su jugador: 'Le convoco porque no tengo otros mejores'. 'Con sus palabras demuestra que no me tiene respeto', respondió entonces el futbolista. En la Eurocopa se soportaron, pero de mala gana. Justo después del torneo de los Países Bajos, en un amistoso frente a la República Checa, Katanec prescindió del temperamental delantero. De nuevo intervino Rudi Zavrl, el presidente. Y, de nuevo, ganó Zahovic, que semanas después fue nombrado mejor deportista esloveno del año.
Las carreras de Katanec y Zahovic han estado marcadas por los avatares políticos de los Balcanes. El ahora seleccionador, un ex centrocampista de corte defensivo que adquirió cierta notoriedad en el Sampdoria que se midió al Barça en la final de Wembley de 1992, fue internacional con Yugoslavia antes de la participación. Jugó con este país el Mundial italiano de 1990 y fue nombrado seleccionador esloveno en 1998. De forma increíble logró armar un conjunto cuyo mejor atributo era la disciplina, sólo quebrada por el rebelde Zahovic. Con esta filosofía clasificó a Eslovenia para una Eurocopa y un Mundial.
Zahovic, el díscolo, jamás ha jugado en un club de su país. Abrió su carrera en el Partizan de Belgrado y, en 1996, se alistó al Oporto, donde estuvo tres temporadas, las mejores de su sinuosa trayectoria. Los portugueses no pudieron atender sus elevadas pretensiones económicas y, en 1999, le traspasaron al Olympiakos. En Grecia, cuando sólo había jugado 14 partidos, cargó contra todos sus compañeros y la afición, y fue apartado del equipo hasta que un curso después el Valencia llamó a su puerta. Héctor Cúper no le tuvo mucho en cuenta y, otra vez hizo las maletas: se fue al Benfica. Ayer, cuando estaba a punto de hacerlas en Corea le salvó la campana del presidente de la federación, entregado a su estrella, al máximo goleador en la historia de la selección con 30 goles en 60 partidos.
La solución diplomática final pasó por que Zahovic se disculpara, cosa que hizo. 'Estoy verdaderamente avergonzado de lo que dije en los vestuarios', dijo Zahovic. 'Soy consciente de que eran palabras muy fuertes y quiero presentar mis excusas a todo el mundo, a los organizadores del Mundial y a Katanec'. Luego, Zahovic añadió que contaba con jugar el sábado contra Suráfrica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002