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COLUMNA

Notas de un simulador

Rivaldo se ha pasado a la acción. En la última Liga, según las estadísticas, le acosaron, le derribaron y le lesionaron más o menos quinientas veces; a veces se ha quejado a los árbitros y éstos han mirado para otro lado, y a veces se ha resignado, y él mismo ha mirado para otro lado. Como nos decía ayer Juan Villoro, el fútbol está hecho de estas simulaciones: Maradona, sin ir más lejos, simuló ser Dios, y llegó hasta las mallas contrarias gracias a ese vuelo infalible que se convirtió en un gol divino. Ese título, Notas de un simulador, debido al gran cubano Calvert Casey, alude a las simulaciones que se hacen en la vida, y más allá de la vida; para simular hay que tener un arte ciertamente divino, y los grandes jugadores están tocados por ciertas formas de la divinidad. Cruyff tenía la mirada implacable que le hacía traspasar a los contrarios como si él fuera de acero y los demás sólo aire. Pelé simuló lo suyo, como Di Stéfano, y la gloria les vino gracias a la realidad pero también al deseo de ser, más que hombres, grandes actores. Figo ha amagado en varias direcciones: una vez dijo que le gustaría ser actor, y otra que antes de lo que los demás creen estaría haciendo mutis por el foro. El fútbol tiene mucho de obra de teatro, o de cine; la dirige alguien que gana menos que los actores -el árbitro, el entrenador- y tiene principio, nudo y desenlace. A Antonio Valencia, el gran cronista del fútbol de la posguerra se le debe una de las mejores metáforas de los (buenos) equipos, como si fueran (buenas) orquestas, dotadas de todos los instrumentos medidos para sonar bien desde el principio hasta el inicio de su encuentro con la realidad, que es el contacto con el público. Así que Rivaldo ha hecho lo que tenía que hacer, simular, crear la expectación adecuada para generar tanto en el árbitro como en los contrarios, e incluso en los propios, la sensación de que tiene que ser verdad, que cuando el jugador cae es porque le ha fulminado un rayo. ¿Que no es verdad? Pues haber estado atentos: no vale multar después.

Por cierto, es bueno que ya sepamos cómo se dice gol en coreano y en japonés: gol. El único lenguaje universal es el del fútbol. ¿Existe mejor palabra para designar lo que se designa como penalti? Hasta con i latina parece que es menos penalti: como el penalti hecho a Brasil. Con i latina, pero penalti, porque lo pitó el árbitro, que a veces también es un gran simulador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002