Israel lanzó ayer su enésima ofensiva militar sobre Yenín en represalia por el atentado de Megido. Mientras los helicópteros y los tanques bombardeaban la ciudad y el campo de refugiados, un portavoz del primer ministro anunciaba que Ariel Sharon pedirá a la Casa Blanca luz verde para deshacerse políticamente del presidente Yasir Arafat, cuando el próximo lunes se entreviste por sexta vez con el presidente George W. Bush. De madrugada, unos 50 carros de combate israelíes entraron en la ciudad de Ramala y dispararon contra el cuartel general de Arafat, en medio de violentos combates.
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Un testigo relató que los carros de combate israelíes dispararon con ametralladoras pesadas y obuses contra el cuartel general de Arafat en Ramala, donde el líder palestino estuvo confinado durante semanas. Los alrededores del cuartel general de Arafat también fueron de madrugada escenario de combates. Los tiroteos se produjeron después de una incursión del Ejército israelí en la capital administrativa de Cisjordania, en la que participaron unos 50 carros de combates y vehículos blindados, además de seis escavadoras gigantes. Según fuentes palestinas, el Ejército israelí planea tomar el control de toda la ciudad.
Por la mañana, los soldados impusieron el toque de queda en todo el área de Yenín, para iniciar a continuación una búsqueda casa por casa de los miembros de la red que hicieron posible el atentado. La operación militar amenaza, sin embargo, con convertirse en un nuevo fracaso para las tropas israelíes, ya que desde hace más de un año han desencadenado innumerables y continuadas ofensivas sobre la zona de Yenín sin que ninguna de ellas pudiera poner fin a las operaciones suicidas.
La rebeldía y obstinación de los vecinos de Yenín no es un hecho reciente, como tampoco lo son las feroces represalias. En el verano de 1938, tras el asesinato del comisionado británico en Yenín, el Ejército colonial destruyó una parte de la ciudad, la misma que ahora bombardea una y otra vez el Ejército israelí.
La obstinación de Yenín amenaza con convertirse también en la tumba de Arafat, acelerando su fin político. Ayer, pocas horas después del atentado, George Tenet, el responsable de los servicios de inteligencia de EE UU -CIA-, quien se encuentra desde el principio de semana en la zona, advertía al presidente palestino que, de no frenar a los comandos suicidas, "Sharon tendrá vía libre para responder", ya que "Estados Unidos no intervendrá más" para frenar las represalias.
Un portavoz del Gobierno israelí confirmaba a continuación las advertencias y temores del jefe de la CIA sobre el futuro incierto de Arafat, al anunciar que Sharon pedirá a la Casa Blanca luz verde para acabar políticamente con el líder palestino, tal y como reclaman los sectores más radicales e intransigentes de su Gobierno. Sharon dirá a Bush "claramente que Arafat debe ser puesto fuera de juego", indicó el portavoz. "Israel espera una especie de acuerdo tácito, de luz verde ". Sharon cuenta para llevar a término esta operación con el apoyo de un sector del Departamento de Estado y del Pentágono, que se opone a la política de Colin Powell, el más firme defensor de Arafat en la Administración republicana.
Sharon insistirá en la necesidad de acabar políticamente con Arafat el lunes cuando sea recibido por el presidente Bush en Washington. Con esta petición, el primer ministro tratará de frenar al mismo tiempo la ofensiva diplomática que el mundo árabe, a través del presidente egipcio, Hosni Mubarak, ha desencadenado sobre EE UU. Mubarak salió ayer hacia Washington con un paquete de ideas para acabar con el conflicto israelo-palestino. El encuentro entre el presidente egipcio y el presidente norteamericano tendrá lugar el viernes y el sábado en Camp David.
La situación es inquietante para Arafat. Tras el atentado de Megido, su situación parece más frágil que nunca. La orden del presidente palestino de detener a los responsables y militantes de Yihad Islámica implicados en el ataque de ayer amenaza con convertirse en papel mojado, al igual que las reflexiones en voz alta del negociador palestino, Saeb Erekat, y del ministro de Comunicación, Yaser Abed Raboo, que culpan de lo sucedido a Israel: "Sharon ha destruido nuestra policía, no podemos responsabilizarnos de lo que pasa en los territorios, y menos de lo que pasa en Israel".
Mientras se decide el futuro de Arafat, la comunidad internacional condena el último atentado, en un esfuerzo por calmar al primer ministro israelí. Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca, aseguraba ayer que Bush sigue creyendo que es viable el objetivo de un Estado palestino e Israel "viviendo uno al lado de otro, en paz y seguridad". Fleischer añadió que "el presidente Arafat sigue siendo el jefe de la Autoridad Palestina".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de junio de 2002