El playón gaditano de La Barrosa, con su fisonomía seductora de perfil rectilíneo, se abre con generosidad a paseantes y bañistas. La luz dorada de primera hora de la mañana es muy especial para contemplar el océano Atlántico, al que le restan en la cartografía pocos kilómetros para pasar a denominarse Mediterráneo, cobrar un azul cristalino y olvidarse del régimen mareal.
Desde la vieja torre situada en uno de sus extremos, se capta el más mínimo detalle de este tramo de playa conocido como la Loma del Puerco. Se trata de una atalaya natural que se barrunta estupenda para los testigos de la batalla de Trafalgar, librada allí enfrente el 21 de octubre de 1805.
Las servidumbres militares y el molesto viento de levante, que cuando sopla escuece las piernas y llena de arena la garganta, fueron los agentes responsables del moderado estado de urbanización que, hasta hace poco, soportaba la provincia de Cádiz. Las obras del nuevo hotel Riu en primera línea de mar, no lejos de la torre, y la riqueza arbustiva de la loma son los polos entre los que se tensa la situación ambiental de Chiclana Costa, segmento litoral, visto lo visto, con una decidida vocación alineada y alienante. De hecho, sus playas ya se pueden dar por totalmente urbanizadas; y resulta cuando menos doloroso, por elocuente, cotejar La Barrosa actual con la que recorría Alfredo Landa en Cateto a babor (1970).
Para alcanzar la Loma del Puerco basta dejar a mano derecha la lujosa urbanización Novo Sancti Petri, o bien, sin necesidad de entrar en Chiclana, tomar el desvío a la altura del kilómetro 16, en dirección a Le Petit. El paraje, rebautizado por imperativo turístico como loma de Sancti Petri, separa los municipios de Chiclana de la Frontera y Conil de la Frontera. El placer visual de La Barrosa encuentra en este altozano su máxima expresión. Es un constante estímulo para la mirada: el oleaje hasta las calas de Roche, por un lado; la isla de Sancti Petri, por otro; ínsula que se perfila con una nitidez sorprendente en el momento en que, durante el crepúsculo, un sol incandescente abrasa la fortaleza (siglo XVIII) que la domina.
Acantilados
En lo alto de la Loma del Puerco crecen enebros marinos y pitas, y todo ello gracias a los pequeños acantilados que han permitido conservarse íntegro al menos los 50 metros de playa y una pared bien colonizada por vegetación. La zona de baño, pese a recibir el oleaje sin estorbo alguno, resulta bastante segura, sin problemas de escalones, y dispone de papeleras. Si ya es una delicia para solazarse todo el año, cuánto más en el mes ideal para ello, junio.
Hacia el norte se encuentra el sibaritismo de Novo Sancti Petri, donde se taló un pinar para edificar hoteles de lujo y un campo de golf. Del cordón dunar apenas quedan restos. Todo lo cual le ha valido a La Barrosa la concesión por parte de Ecologistas en Acción de la infamante bandera negra. Ostiones y coquinas aún se dejan ver en la playa de Sancti Petri, cuyos chiringuitos son punto obligado de reunión a última hora de la tarde. Allí se dan cita todos los servicios de playa y el alquiler de patines con vela, motos acuáticas y catamaranes. El baño se puede complementar, del 12 al 16 de junio, con el paseo por las casetas de la feria chiclanera de San Antonio. Pocos días después se instalan unos muñecos a la usanza fallera -los Juanes y Juanas-, que arderán la noche de San Juan.
GUÍA PRÁCTICA
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de junio de 2002