La derrota irlandesa ante España fue una decepción para sus seguidores en todas partes. Especialmente dolorosa resultó para los aficionados católicos de Irlanda del Norte. Mientras un niño se echaba las manos a la cabeza, una mujer, junto a otros rostros serios, todos ataviados con camisetas y gorros verdiblancos, lloraba amargamente ayer en el pub Falls Road, en la zona oeste de Belfast.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de junio de 2002